"La tierra que dio a Bolívar, Bello, Miranda, Sucre, y tantos hombres superiores, está llamada a grandes destinos y no equivocará esta vez su camino. El pueblo Venezolano demostrará que tiene mejor sentido que estos vendedores de humo y falsos profetas, que habrán perdido el tiempo, que nunca pudieron ni supieron utilizar con provecho"  ALBERTO ADRIANI

 

 

[Imagen del logotipo de la compañía]

 

Creada el 14 de Abril de 1.991

 

RIF: J-30104177-1

 

 

 

 


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Índice de autores:

Luís Xavier Grisanti: López Contreras y la Economía Orgánica

Juan José Peralta, Alberto Adriani: Sembrar el Petróleo
Luís Xavier Grisanti: Adriani y el Humanismo Cristiano
Jesús Enrique Mazzei Alfonso: Alberto Adriani: su visión internacional y la Unión Panamericana.
Narciso Guaramato: Alberto Adriani Mazzei
José Ignacio Hernández: Alberto Adriani, el Estado y el petróleo
Luís E. Mata Mollejas: Alberto Adriani un Político Anticipativo
Rubén Darío Peralta: Un consejo de Alberto Adriani para los jóvenes que quieren gobernar a Venezuela.
Eudes J. Blanco P.: Adriani y la vieja plaga

Román Duque Corredor: Adriani y las elecciones Municipales.

Román J. Duque Corredor: Alberto Adriani, Visionario del Estado Democrático
 

 


López Contreras y la economía orgánica

FEBRERO 17TH, 2018  LUIS XAVIER GRISANTI

OPINIÓN

EL PRESIDENTE ELEAZAR LÓPEZ CONTRERAS Y SU MINISTRO DE GUERRA Y MARINA,

GRAL. ISAÍAS MEDINA ANGARITA

La sana y equilibrada gerencia macroeconómica de un país es una función primordial del Estado y de sus gobernantes. Una gestión de gobierno debe fundamentar sus políticas públicas conforme a una doctrina económica, debidamente delineada desde un principio, bajo normas prudenciales de carácter fiscal, monetario y financiero, formulada orgánicamente y desprovista de superficialidades ideológicas o improvisaciones inadecuadas.

Un jefe de Estado de la calidad, competencia y respetabilidad de Eleazar López Contreras (1883-1973), el general civilista que dirigió la transición de la dictadura a la democracia (1935-1941), escoge a sus ministros y colaboradores entre las figuras de mayor entidad académica o profesional dentro de su respectivo campo de actividad, sea económico, social, político, científico o cultural. El presidente López Contreras seleccionó a dos jóvenes venezolanos bien formados, honestos y con una arraigada vocación de servicio público. Fueron ellos, el economista merideño Alberto Adriani (1898-1936) y el abogado llanero nacido en Zaraza (entonces llamada la Atenas del llano venezolano), Dr. Manuel R. Egaña (1900-1985).

Gracias a la iniciativa del Dr. Simón Alberto Consalvi, se nos encomendó escribir las biografías de Adriani y Egaña para la Biblioteca Biográfica Venezolana, patrocinada por el diario El Nacional y Bancaribe. En nuestras lecturas pudimos encontrar textos escritos por ambos estadistas, a quienes podríamos calificar como precursores de lo que hoy se denomina en la Unión Europea, el modelo social europeo y la economía social de mercado.

En los años 30 del siglo XX tiene lugar la Gran Depresión en los Estados Unidos, con su secuela de quiebra de empresas, desempleo y pobreza, tanto en ese país como en el resto del mundo. Se estremecen los dogmas del liberalismo económico, el llamado laissez – faire, según el cual sólo las fuerzas del mercado libremente ejercidas garantizan el bienestar social de la sociedad, con un Estado no interventor. Los cimientos del capitalismo son cuestionados.

Los logros industriales del nacionalsocialismo nazi y fascista en Alemania e Italia atraen a muchos intelectuales y jóvenes, al igual que el proceso de industrialización acelerado que implanta Joseph Stalin en la Unión Soviética, basado en la eliminación de la propiedad privada, la colectivización agropecuaria y la estatización de los medios de producción. Se pone en ejecución la dictadura del proletariado, a partir de la cual el socialismo abriría paso al comunismo como sociedad perfecta e igualitaria. En nombre de las masas proletarias se implantan economías de planificación central y regímenes autocráticos apuntalados por un partido único, el Partido Comunista.

Alberto Adriani, desde su retiro en Zea, Estado Mérida, entre 1930 y 1935 (donde se dedicó a la actividad de producción y exportación agropecuaria de su familia), propone un modelo alterno y distinto: un “plan metódico” formulado entre el Estado y el sector privado y una “economía orgánica,” que descanse sobre la iniciativa empresarial como fundamento del crecimiento y el desarrollo económicos. Desde el Alto Escalante, Adriani escribe:

Un plan económico permitirá coordinar las actividades económicas de un país, tanto las públicas como las privadas, y darles la dirección que más se acuerde con los intereses permanentes de la Nación. A este plan se adecuarían la política de tierras baldías, la inmigración y colonización, la sanitaria, la agrícola, la minería, la industrial, la comercial, la fiscal, la bancaria, la de comunicaciones, la hidráulica. La iniciativa privada seguirá libre, pero es claro que no podrá ni le convendría apartarse de las líneas del plan.”

Manuel R. Egaña, por su parte, señala que el modelo económico no era conveniente que fuera ni el laissez – faire, sin intervención del Estado, ni el de estatización de los medios de producción y eliminación de la propiedad privada. Y así expresa:

“Sería insensato e inútil que se tratara de aplicar entre nosotros, digamos, el régimen soviético o el régimen nazista, como la adopción de un régimen de completo laissez – faire, laissez aller, laissez passer, porque Venezuela tiene su propia doctrina económica, resultado natural y espontáneo de su propia vida…lo que importa, pues, no es definir si el Estado, en Venezuela, debe ser liberal o intervencionista, sino estudiar el grado mayor o menor en que deba intervenir…”

Egaña, ministro de Fomento, procede a enumerar, en 1940, cinco principios que hacen procedente “un mínimum de intervención estatal” en la economía:

1.       Conviene estimular la libre competencia para que se reduzcan los precios en los mercados concurridos…

2.       Es aconsejable respetar los amplios márgenes de beneficios que puede reportar una inversión…por ser Venezuela país de crecimiento rápido…

3.       El instrumento administrativo para una intensa intervención económica es todavía insuficiente…

4.       Conviene reducir el coeficiente del presupuesto nacional dedicado a retribución de funcionarios y servicios…

5.       El concepto de que todo lo bueno y lo malo se espera del Estado tiene un efecto desmoralizador sobre la población, especialmente la población rural…”

Esta última recomendación es particularmente relevante para nuestro tiempo, por cuanto a lo largo de décadas, desde entonces, los gobiernos de Venezuela y la sociedad venezolana misma, han dependido en extremo de las dádivas y subsidios del Estado, y allí encontramos la génesis de nuestra mentalidad rentística, derivada de la riqueza petrolera, que ya entonces era objetada por tres de los principales colaboradores del presidente López: Adriani, Egaña y Arturo Uslar Pietri.

@lxgrisanti

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[1] Edición de la charla dictada por el autor en el Foro Vida y época de Eleazar López Contreras, Escuela de Enfermería, Universidad Central de Venezuela, Caracas, 27 de enero de 2018.

 


 

Alberto Adriani: Sembrar el Petróleo

Por Juan José Peralta
A Arturo Uslar Pietri atribuyen la frase Sembrar el petróleo del brillante economista andino de padres italianos Alberto Adriani, quien la incluyó en su “proyecto de país cuando muera el tirano Juan Vicente Gómez”, pensado en su formación en el exterior, entre estudios y diplomacia. Economista, político y periodista, Adriani nació en Zea, estado Mérida el 14 de junio de 1898 hijo de los inmigrantes de la isla de Elba, Giuseppe Adriani Barsalini y María Mazzei Marchiani, llegados a Venezuela en 1892.
En 1918 comenzó Derecho en la Universidad Central. Su profesor Esteban Gil Borges lo nombró su secretario en la Cancillería y comienza su vida diplomática. Hablaba castellano, italiano, inglés, francés y latín. En 1921 integró la delegación a la inauguración de la estatua ecuestre de Bolívar en Nueva York. Iba designado cónsul en Ginebra donde fue secretario de la delegación venezolana ante la Sociedad de las Naciones. En simultáneo estudiaba Economía y Ciencias Sociales y se titula en abril de 1925. Se va a Londres donde estuvo hasta 1928 y se convirtió en el primer venezolano en obtener título de Periodista. Allá encontró el archivo Colombeia, de Francisco de Miranda y tramitó su compra para la nación.
Subdirector de la Unión Panamericana, Gil Borges lo llamó a Washington y lo nombran jefe de Cooperación Agrícola.
En 1931de regreso a Zea, ayuda a sus padres y reflexiona sobre el futuro de Venezuela. Al morir el tirano general Gómez, regresó a Caracas y en marzo de 1936 es parte del gabinete del presidente Eleazar López Contreras (segundo a la izq.) en el nuevo ministerio de Agricultura y Cría que organiza en dos meses y el 29 de abril de 1936, lo designa al ministerio de Hacienda para que reorganice la Hacienda Pública. Había propuesto crear el Banco de la Nación, diez años después Banco Central de Venezuela.
En plena labor creativa, a Adriani lo encontraron muerto en su habitación del hotel Majestic y aunque especularon que lo habían envenenado, la autopsia reveló que murió de un infarto.
De obra desconocida o ignorada, su pensamiento de avanzada lo señala como uno de los más importantes venezolanos del siglo XX. Su frase, Sembrar el petróleo, sigue esperando todavía.
El 30 de diciembre de 1935 volvió a Caracas y el 1 de marzo de 1936 el presidente Eleazar López Contreras lo designó ministro de Agricultura y Cría, flamante despacho de reciente creación tras haberse desmembrado el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social del antiguo ministerio de Salubridad, Agricultura y Cría. Al frente de este ministerio, llevó a cabo la transformación del Banco Agrícola y Pecuario en una institución que protegiera la agricultura, especialmente mediante el otorgamiento de créditos. De allí que promulgara un decreto el 21 de marzo de 1936 en el que se organizaba y centralizaba el crédito agrícola nacional. Además de esto, por ese tiempo fundó la revista El Agricultor Venezolano, publicación que aún circula. También participó en la fundación del movimiento político ORVE (1.3.1936) y en la elaboración de sus estatutos y se desempeñó como miembro de la secretaría política de dicha organización.
El 29 de abril de 1936, fue nombrado ministro de Hacienda a los fines de reorganizar la Hacienda Pública Nacional: el 20 de mayo, creó la Subcomisión de Estudios de Legislación Fiscal que elaboró varios proyectos de la ley aprobados algunos por las cámaras legislativas, entre los que destacaban el de la Ley de Arancel de Aduanas, el de la Ley sobre varios ramos de la renta nacional y el de la Ley de Cigarrillos, ésta última no fue aprobada por el Congreso pero después en la Ley Orgánica de la Hacienda Nacional. Fue colaborador de la revista de la revista Cultura Venezolana y del Boletín de la Cámara de Comercio de Caracas. La mayor parte de sus artículos analizaban el área agrícola y monetaria de Venezuela, así como también de la economía cafetera.
Falleció en pleno ejercicio del cargo a la temprana edad de 38 años; su prematura muerte suscitó en su momento todo tipo de conjeturas políticas. En su obra póstuma Labor venezolanista, han sido compilados algunos de sus ensayos más...
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Adriani y la vieja plaga

Eudes J. Blanco P.*   

12 de agosto de 2013

 

Con motivo del recordatorio de la muerte de Alberto Adriani el pasado sábado, acto organizado por la Alcaldía del municipio Alberto Adriani, me correspondió hacer una breve reseña del acontecimiento.
No quise abordar sobre la cronología del personaje, preferí sustraer algunos elementos de su vida, obra y pensamiento y ubicarlos en el contexto histórico pasado y presente de la realidad venezolana.
Resaltaba la importancia que Adriani le otorgaba a las conmemoraciones cuando afirmaba "La política de los aniversarios merece cierta atención. Las celebraciones pueden tener eficacia educadora incomparable, mantienen o deben mantener la continuidad histórica, e influyen en la formación del ideal y del destino de un pueblo", de ahí lo significativo de estos eventos, más allá de cumplir con una mera formalidad.
Luego destacaba como un merideño nacido en lo más recóndito de su territorio, Zea, a finales del siglo XIX, específicamente el 14 de junio de 1898, en un hogar de inmigrantes italianos dedicados a las actividades agropecuarias, sobresale como estudiante de bachillerato en el Liceo Libertador de Mérida y luego en la UCV, para comenzar a prestar servicio diplomático con apenas 23 años y graduarse de economista y ciencias sociales en Ginebra a los 27 años y tener en su haber el hablar además del español y el italiano: el inglés, el francés y el latín.
Establecía como causa de ese éxito académico a tres elementos fundamentales que resaltaba el profesor Delibrando Varela, Cronista del municipio Alberto Adriani: sus maestros, viajes y la lectura, recalcando en los presentes la necesidad de exigir para quienes hoy se forman en nuestras escuelas y demás instituciones educativas una educación de calidad, con calificados y excelentes docentes; la posibilidad de viajar por recreación y conocimiento y no para emigrar de la patria; pero sobre todo, la necesidad de leer como una actividad que fortalece el conocimiento humano o alcanzar como Adriani, ser un lector disciplinado, capaz de producir tesis y propuestas bien sustentadas. 
Ponderaba al Adriani pensador y escritor, al valor y vigencia que lamentable sigue teniendo sus planteamientos económico-sociales, y cuando se dice lamentable, es que no puede ser que después de 77 años de su desaparición física, su tesis esencial de "sembrar el petróleo", entendido como la inversión de la renta petrolera en una producción agropecuaria moderna (no de reformas agrarias sino de reformas agrícolas, que transformara al campesino en empresario), la modernización del aparato industrial, el impulso al comercio y darle a la educación y a la instrucción un lugar de primer orden, siguen siendo un reto para los venezolanos.
Cerraba mis palabras con un aspecto poco abordado sobre Adriani, su cuestionamiento a los políticos tradicionales, expresados en el ensayo "La Vieja Plaga y Nosotros", escrito en Caracas en abril de 1936 y que es un profundo análisis de los desaciertos de las decisiones políticas en la historia venezolana; tiene como escenario la Venezuela convulsionada de 1936, luego de la desaparición física del dictador Juan Vicente Gómez y es una autopsia del complejo autodestructivo del venezolano.
Resaltaba Adriani la forma incorrecta y tal vez hipócrita en que actúa la mayoría de los dirigentes políticos venezolanos: impulsivos ideólogos que desvían al pueblo del camino real con su incontinencia verbal y que se mueven en el vacío de la realidad  venezolana, destacando que para estos políticos de oficio era "...mucho más fácil discurrir sobre ideas generales, tejer diatribas acidas y atiborrar cráneos proletarios de ideas abusivas y propósitos desordenados, que pasar meses en el estudio silencioso y metódico de algunos de nuestros problemas técnicos"
Setenta y siete años después, pareciera que esta descripción de Adriani, sobre la mayoría de los políticos venezolanos, hubiese sido escrita hoy; unos políticos que como lo dice mi amigo, el escritor J. G. Guerrero Lobo, "solo saben hacer ruido", pero que no se han impuesto como lo pedía Adriani, una "disciplina de trabajo".
Sirva este momento al iniciarse una campaña electoral para elegir alcaldes y concejales, convocar a la necesaria participación. Es tan importante este proceso como una elección de Gobernador o Presidente de la República, pues seleccionamos a nuestros representantes más directos, y hay que hacerlo por sus cualidades y proyectos, más por el "ruido" que puedan hacer en la campaña, porque como lo decía Adriani: "Para edificar la grandeza de la patria comience cada uno por su municipio".

*Director General del Centro de Investigaciones Históricas y Sociales del Municipio Alberto Adriani (CIHSMAA) cihsmaa@gmail.com
  

 Disponible en: http://diariodelosandes.com/content/view/230512/105986/

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Un consejo de Alberto Adriani para los jóvenes que quieren gobernar a Venezuela.

Rubén Darío Peralta

Poco tiempo tengo en el país, estuve mucho tiempo en el exterior por motivos de estudio, detecto muchos cambios que tomarían leguas de papel para analizarlos responsablemente, pero permítanme ustedes reflexionar acerca de un tema que ha tomado primer plano en la opinión pública, debido a las próximas elecciones legislativas. Los jóvenes dirigentes estudiantiles (o ex dirigentes) de oposición están cotizándose alto para ciertos sectores nacionales, quienes los ven como los salvadores de la patria, mesías veinteañeros cuyos rostros frescos y buena oratoria caen como bálsamos para suavizar una política nacional con mucho cadáver político momificado; “los preferimos a ustedes muchachos, que a esos representantes del pasado” dicen los entusiastas propulsores y propagandistas de esta tesis. Del lado del oficialismo ocurre lo mismo, pues todos quieren ser futuros diputados (as). Al unísono, los interesados de ambos bandos repiten la misma frase: “debemos ser elegidos porque somos jóvenes, el futuro del país”.

 

Permítanme, ustedes futuros líderes de Venezuela, aspirantes, legítimos todos, a caciques, hacerles llegar el consejo del gran estadista que fue Alberto Adriani, junto con mi humilde opinión del asunto (si eso vale de algo).Para esto voy a dejar a ese gran humanista venezolano que fue Mariano Picón Salas, amigo íntimo de Adriani, empezar el mensaje en su nota de 1936 (poner atención al año de este escrito):

 

“Pero según Adriani, esa revolución contra la estúpida tiranía era necesario realizarla primero en nosotros. “Gómez es, de cierta manera, la consecuencia de un estado social”. Gómez manda porque nosotros hemos sido la indisciplina, la improvisación, la guachafita. Gómez es el gran culebrón que vino a gobernar sobre las ranas cuando éstas pedían más poder, según la fábula clásica. Muchos muchachos románticos piensan que se tumba a Gómez después de beber unos tragos, buscando camorra a un policía, y apareciendo en la Plaza Bolívar al grito de: “¡Abajo la tiranía!” Este es un problema de preparación, de orden, de disciplina colectiva. “Antes de hacer la República debemos hacernos nosotros, porque todavía no somos.” Y para “hacerse”, Adriani partió a Europa un día de 1921”.

 

Alberto Adriani, quien venía de participar en la insurgencia estudiantil contra Juan Vicente Gómez, partió a Suiza a estudiar las ciencias económicas, perfeccionar los idiomas extranjeros, empaparse de las nuevas teorías políticas, y observar el proceso de reconstrucción de una Europa devastada por la guerra. Caracciolo Parra Pérez le consigue acceso a la Sociedad de las Naciones (especie de ONU actual), donde tuvo acceso a los archivos y pudo seguir la fundación de los nuevos estados en su base jurídica y económica. Picón Salas relata: “Concurre a la Universidad y frecuenta los debates públicos de la Sociedad de las Naciones. Con una avidez de conocimientos observa los hombres, las instituciones. A propósito del delegado chino a la Sociedad de las Naciones en aquel año 21 ó 22, que se destacó con excepcional inteligencia en los más complicados debates políticos, me escribe una carta curiosísima sobre la psicología de los orientales, sobre lo que puede significar el misterioso Oriente en una nueva y próxima etapa de la Historia moderna (…) Pero en esta Casa Internacional de Ginebra hay excelentes archivos y noticias; se va elaborando a pesar de todo, el Derecho y la Economía de los nuevos estados. Y entre sus leyes de trabajo, boletines estadísticos, reformas agrarias en los países de la Europa Central o Sur Oriental, él (Adriani) pasa sus horas. De tiempo en tiempo, un corto viaje por Italia o por Francia. Y tanto entusiasmo como las obras de arte y los museos, le suscitan aquellas obras no menos grandiosas de la técnica moderna. La agricultura en el Piemonte, la industria en la Lombardía. Patriota, piensa en las caídas de agua y la riqueza hidroeléctrica de Venezuela completamente desaprovechadas. En uno como sueño de patria futura piensa que el paisaje de Mérida, en nuestros Andes, se parece, por ejemplo, al de Turín o Milán; y nuestro Chama andino guarda tantos caballos de fuerza como el Po. “Tenemos carbón, petróleo, hulla blanca; y la unidad nacional (…)”. Y remata el gigante Adriani: “Si se pudiera vencer la incuria y la ignorancia de esos hombres imprevisores que en estos años de despilfarro y servidumbre gomecista pretenden dirigirnos…Venezuela es entonces un estado fuera de mundo, una factoría de petróleo extraído en brazos esclavos. Gobiernan los incapaces y los peores”.

 

Alberto Adriani regresaría después a Venezuela, y después de pasar un tiempo dedicado como agricultor en su natal Mérida, debido a la imposibilidad de aplicar sus conocimientos durante la dictadura, pasaría a ser Ministro de Agricultura primero, y Hacienda después, a la caída del Benemérito. Sin entrar en detalles del inmenso trabajo que hizo este héroe venezolano en la maltrecha hacienda nacional, sólo les diré, a ustedes mis queridos líderes de la juventud, que Alberto Adriani es el padre de la economía moderna y las finanzas en Venezuela.

 

A ustedes, líderes frescos, que valerosa y noblemente desean aportar, que apuestan por Venezuela, que quieren cambiar nuestras estructuras, que desean un nuevo país con justicia social, prosperidad, y desarrollo. A ustedes que pueden ser una generación histórica, y que han dado un paso al frente y son tratados como héroes por partidos políticos, medios, y público (dependiendo de la tendencia), a ustedes les digo, de manera humilde, que no podrán realizar los cambios profundos que por voluntad desean, porque sencillamente no tienen la preparación intelectual para hacerlos. Aunque suene horrible para algunos, ésta es la realidad; llamo a la responsabilidad en este sentido a la población y, especialmente, a los que promueven, sin planificación alguna, un salto cuántico generacional que suena “trendy” pero es irresponsable. Vean como están siendo utilizados como carne de cañón por algunos. Muchos de ustedes no han culminado sus estudios siquiera y ya quieren diputaciones y alcaldías, ¡tamaña irresponsabilidad con nuestra pobre Venezuela que espera un nuevo, pero a la vez eficiente, liderazgo! ¿Acaso no ven que esta historia se repite de generación en generación? Adriani dijo sus palabras en los años 20, ¿es que el bochinche, el gobierno de los incapaces, y la improvisación han desaparecido? Muchas generaciones de estudiantes heroicos ha tenido Venezuela, no sólo ustedes, y muchas de ellas han fallado porque no estaban preparadas para transformar la médula de un país donde impera todavía la ley del más fuerte, el amiguismo y la viveza criolla. Muchas promesas se dedicaron al trabajo político pero sin realizar su tarea formativa, y lo que hicieron fue improvisar y quedarse cortos a la hora del Gobierno. No se crean el cuento peregrino de que fue solamente por ustedes que se derrotó a Chávez en la mega-reforma constitucional del 2008 (por escaso margen por cierto), pues si así fuera, también lo hubieran derrotado en la última enmienda sobre la reelección indefinida (victoria con suficiente ventaja les recuerdo), y no lo hicieron. En esos momentos entraron otros factores en juego, dando los resultados ya sabidos, ustedes fueron solo uno de esa conjunción de factores (otro día los podemos discutir).

 

Tienen andado, queridos compatriotas, un gran trecho, puesto que han pateado la calle, han liderado manifestaciones, fueron presidentes de centros de estudiantes y federaciones de centros, algunos han sufrido prisión, y otros, soportado terribles situaciones de amedrentamiento con guapeza. Todo esto los ha transformado en líderes importantes de la calle, con temple, con sensibilidad social, con experiencia y madurez política, pero aún son ustedes líderes prematuros que hay que pulir y formar para transformarlos en brillantes estadistas.

 

Porque allí está la clave, Venezuela necesita más estadistas, más hombres de estado con visión de futuro, y necesita mucho menos de caudillos populistas, gritones de calle, quemadores de cauchos. De esos estamos sobrados mis amigos. Acá hemos tenido caudillos desde la guerra federal, y así nos ha ido. ¡Pero que falta nos han hecho más gente como Adriani, Gabaldón, Roche, Abreu, Burelli, Pérez Alfonso, ó Kerdel-Vegas en funciones de Gobierno! No caigan en el inmediatismo de un cargo de elección donde quizás (y puedo ser yo el equivocado) les falte más preparación, por el miedo de dejar pasar el sospechoso tren llamado “momento político”. Transformarse en lo que pueden llegar a ser, que no es más que estadistas, requiere una inversión mayor del tiempo en el estudio y la preparación, pero con una tasa de retorno mucho mayor para ustedes y la patria. Sigan el ejemplo de Adriani, vayan a hacer postgrados, preferiblemente en países desarrollados para que puedan absorber las cosas positivas (como el sistema educativo) y con potencial de aplicabilidad en nuestro país, aprendan a leer el inglés y el francés (por lo menos) para poder consultar las publicaciones actualizadas de las diferentes corrientes del pensamiento mundial (y no esperar la lenta versión en español del libro, o que otros le traduzcan la revista y el periódico), recorran y conozcan a fondo los rincones de Venezuela, hablen con la gente de la provincia, para así darse cuenta de la miríada de ideologías, costumbres, problemas y modos de ver la vida de los venezolanos. En la provincia todavía existe mucha desconfianza hacia el poder de Caracas, sobretodo en las comunidades rurales, donde existe un sentimiento de abandono por parte de la capital hacia el resto del país; vayan y hablen con esos hombres y mujeres. Es allí, en el monte y la culebra, donde Chávez siempre gana, revertir eso no lo van a lograr desde sus Twitters y Facebooks.

 

Tomen tiempo para estudiar los principios económicos, las teorías políticas, vayan a los simposios que organizan universidades, fundaciones y academias, viajen y observen como funcionan las instituciones en el mundo desarrollado. Lean historia de Venezuela, para que puedan entender los complejos fenómenos sociológicos y psicológicos de esta nación, para que aprendan de los errores de las generaciones anteriores, y así, al conocer las causas de estos lodos, puedan sacarnos hacia la orilla del desarrollo. Quiero dejar claro que considero justas y meritorias todas sus aspiraciones, pienso que no deben descuidar la arena política, pero deben tomar tiempo para servir de la mejor manera a Venezuela, y eso comienza con la debida preparación que tan difícil empresa requiere. Venezuela necesita un trabajo de cirujanos con experiencia para extirpar con la más alta precisión todos los tumores que nos aquejan, no de médicos recién graduados con pulsos temblorosos.

 

Ser joven y arriesgado no es patente de corso para dirigir un país, para ocupar un puesto de rango, o para que nosotros, los demás, los sigamos. En este momento, ustedes no nos pueden llevar a nada porque no son nada profesionalmente, todavía. Si quieren continuar con sus actuales intenciones políticas pues primero expliquen como van a implementar la ley del primer empleo, la de la primera vivienda, y otros tantos proyectos prometidos. Expliquen la planificación financiera para esto, que excepciones contienen las leyes, las metas de posibles beneficiarios, como lograrán su aprobación; existe un mundo entre las intenciones y los hechos. Esa es la manera de ganarse el puesto en elecciones primarias o de base, y si salen victoriosos, pues a enfrentarse al tribunal popular, que es el que decide. Pero por favor, dejen la cuña de la “nueva generación y que representamos el futuro” como argumento principal. Leopoldo López, un alcalde electo joven, tenía un Master en Harvard y un abanico de propuestas bien hechas, por eso fue elegido, no por usar una metralla rosa.

 

Escribo esto porque yo también fui un presidente del centro de estudiantes y consejero de facultad en una universidad venezolana entre 1998 y el 2000. Cuando me gradué dejé la ciudad para irme a estados pobres y olvidados de Venezuela a trabajar, a conocer Venezuela en el fondo. Cuando volví de esa experiencia me ofrecieron (en la misma semana) la secretaria juvenil de dos partidos políticos en mi estado. Villas y castillas, el fulano “momento político”, la oportunidad de subir en la escalera y jugar las grandes ligas. Después de pensarlo escogí la opción de estudiar, de hacer postgrados, de aprender idiomas, de observar otros mundos; prepararme para servir bien y no ser otro funcionario de montón, con fracaso asegurado a la hora de generar el cambio de “ethos” necesario. Trabajé y estudié bien duro para ganarme becas y cartas de aceptación, nadie me regaló nada. Y ahora estoy de vuelta, con 33 años (no tan lejos de ustedes). Y leyendo a Adriani y a Picón Salas me siento más contento de esa decisión que tomé en el momento. Ahora si siento que puedo ser lo debidamente útil a nuestra patria, que si puedo aportar algo diferente desde mi modesta esquina, ahora si puedo echarle pichón sin miedo ni improvisación en el sector donde me he formado. Las oportunidades para hacerlo llegarán, eso es cuestión de tiempo; el “momento político” lo crea uno mismo. Esa es la misma sensación que deseo para todos ustedes que aspiran a ocupar su sitio en el mundo venezolano. En menos de 10 años ya habrá otros líderes jóvenes despuntando, queriendo desplazarlos, y repitiendo lo mismo que ustedes: “somos el cambio, somos jóvenes, y no fallaremos como los anteriores”. No dejen pasar esta oportunidad de transformarse en los profesionales y estadistas que tanto necesita la nueva Venezuela. ¡Prepárense para gobernar este país primero!

 

Los despido con este pasaje, el más inspirador y bonito sobre Adriani, que para mí, inmortaliza a este gran estadista merideño. A continuación la hazaña que todo hombre público de bien quiere para su pueblo, el cambio de “ethos”. Que cierre Picón Salas:

 

“Y un sábado de julio llegó contento y con una noticia excepcional. Por aquella noticia podría perdonarse la tribu de solicitantes, arbitristas y majaderos que rondaban en torno de cada ministro, en aquellos días primaverales de nuestra democracia. Gente impaciente, pedigüeña, que no deja trabajar. Recogía ya al cabo de tres meses de Ministerio los frutos inmediatos de una nueva organización. Y se le iluminaba la cara adolescente al transmitir la buena nueva: durante el mes de junio las aduanas de Venezuela habían recogido más dinero que en cualquiera otro mes de la historia fiscal de Venezuela. “No es que hayan aumentado mucho los negocios -me dijo-. Es que disminuye el contrabando y empieza un régimen de honestidad. Salvaremos este año de prueba, año en que hay que perfeccionar los organismos de control, formar una administración eficiente, y el año próximo, si estamos todavía aquí, pondremos el país a producir.” “Una economía nacional autónoma y próspera” era una frase que él acuñaba como una fórmula”

 

Alberto Adriani moriría poco tiempo después de manera prematura, me pregunto que hubiera sido de Venezuela si este estadista hubiera vivido lo suficiente para cumplir su promesa “el año que viene pondremos el país a producir.”

 

Sigan el ejemplo de Alberto Adriani

 

Mérida 06/04/2010 

 


ADRIANI Y LAS ELECCIONES MUNICIPALES

 

Román J. Duque Corredor

La proximidad de las elecciones municipales es una oportunidad propicia para la Fundación Alberto Adriani de destacar su pensamiento acerca de la importancia de los poderes locales, y en especial del municipio  en el desarrollo del país.

Célebre es la frase de Adriani que desde el municipio comienza el  desarrollo de la Nación y que debemos comenzar por el nuestro. Recogemos ese pensamiento para motivar a los vecinos a que concurran el 8 de diciembre a votar para elegir alcaldes y concejales.  En otras palabras, el poder ejecutivo y legislativo municipal.  

Las elecciones municipales son el mecanismo democrático del carácter representativo y alternativo del sistema de gobierno, que dentro del concepto de Estado de Derecho y de Estado Federal Descentralizado,  propugna la Constitución para la  sociedad pluralista y participativa  a la que se aspira en su Preámbulo.  Asimismo,  la elección  de los poderes locales es la principal forma de participación política ciudadana que se reconoce constitucionalmente, puesto que en ella participan todos los vecinos, que estén inscritos en el registro electoral municipal,  mediante el sufragio universal, sin exclusiones y discriminaciones.  E, igualmente,  estas elecciones garantizan la alternabilidad en los cargos del poder municipal, es decir, el cambio de gobierno local. 

 Para Adriani, lo local, entendido principalmente como el espacio primario de ejercicio de la actividad política del ciudadano,  es esencial para el resto del espacio estadal o nacional.  Y ello es cierto,  la República, históricamente en Venezuela, nació desde los municipios y no de la República hacia los municipios.  En efecto, éstos primeramente se agruparon en estados y los estados después constituyeron la República de Venezuela.  Por esta razón,  en el artículo 168, de la Constitución,  aún se consagra a los municipios como la unidad política primaria de la organización nacional y no a los estados o a la República.  Cierto estaba, pues, Adriani, cuando afirmaba que la base del desarrollo nacional son los municipios. En otras palabras, que el verdadero nacionalismo es el que se basa en la defensa de la autonomía de los poderes locales y no en un exacerbado centralismo.  Según Adriani, el centralismo, conduce a sistemas autocráticos de gobierno, porque desconoce la autonomía de los estados y de los municipios, y, por ende, la soberanía popular, puesto que el autogobierno por sus ciudadanos es la garantía de esa soberanía.

 Por lo expuesto, la Fundación Alberto Adriani,  cónsona con su pensamiento proclama su identificación con las tesis autonomistas del municipio,  de defensa del desarrollo regional y de fortalecimiento del Estado Federal Descentralizado,  que son el legado histórico de nuestro movimiento de la Independencia, que representa en la actualidad el modelo de sociedad democrática, participativa y protagónica, del Estado de Derecho, de Justicia, Federal y descentralizado, que propugna nuestra Constitución.   Por eso,  la Fundación Alberto Adriani,  insta a los electores de los circuitos municipales y parroquiales a que voten el 8 de diciembre para que elijan sus Alcaldes y Concejales y se expresen a favor de las tesis autonomistas que tienen al Municipio, como lo decía Adriani, como la base del progreso de la Nación. 

Caracas, 30 de noviembre de 2013

 

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ALBERTI ADRIANI 1898 – 1936
Un político anticipativo
 

Luís Mata Mollejas


Nació Alberto Adriani en la Venezuela que transitaba de la exportación cafetera a la petrolera, bajo un gobierno autoritario; al tiempo que el mundo se transformaba económicamente, pasando de la moneda mercancía: el patrón oro; y geopolíticamente al percibirse en los Estados Unidos de América, los primeros indicios de su inminente hegemonía, habida cuenta del inicio de la decadencia del Imperio Británico: modelo de la democracia parlamentaria.
De allí que, en sus treinta y ocho de vida, pudo detectar los principales factores del cambio de vida planetario y proponer, a sus obnubilados compatriotas, un programa de acción basado en la reflexión profunda, sistemática y persistente; como lo demuestra su extensa producción analítica y divulgativa, para hacerse oír y entender por la diligencia cultural y políticamente miope, que tenía, ayer como hoy, las riendas del poder gubernamental en Venezuela.
Una atenta lectura de la compleja obra escrita de Alberto Adriani, vista desde una perspectiva actual, nos muestra a un estudioso de las opciones teóricas que todavía muestran consecuencias prácticas utilizables. Surge, entonces, una conjunción de asombro, ante el interlocutor que compara la debilidad organizativa de la sociedad venezolana que les vio nacer, le suministró las primeras luces de conocimiento y las oportunidades, para que, desde los centros de poder mundial, pudiera aprender y difundir las ideas que permitieron entrar al país, con treinta años de retardo, al siglo XX. Sirvan estas breves notas para seguir los hitos más resaltantes de la ruta de la vida intelectual y de acción política del líder anticipativo, cuyo aniversario celebramos en este 14 de junio de 2017.
Con el bagaje de los estudios de derecho iniciados en la vetusta universidad de Caracas (1918-1921) puede acompañar al Canciller Esteban Gil Borges a la inauguración de la estatua de Bolívar en New York. Allí observa la ruta de progreso industrial que seguían los Estados Unidos de América; lo cual le permite compararla con el atraso rural y semi urbano de su país natal.
A continuación pasa a Ginebra, a estudiar economía; a la vez que desempeña el rol de secretario de la Delegación de Venezuela ante las conferencias fundacionales de la Sociedad de las Naciones; en particular, las relativas a la búsqueda de soluciones para los problemas de las naciones sin reservas monetarias, para atender las obligaciones derivadas de sus transacciones internacionales.
Puede, así, comparar las lecciones teóricas de la universidad ginebrina, con las prácticas políticas a que llegan los negociadores políticos y diplomáticos. No será entonces por azar, o copia, de recomendaciones de expertos extranjeros, que vea clara la necesidad de establecer en Venezuela la institución rectora de la política monetaria que, en Londres, desde 1694, permitió a la Gran Bretaña dirigir, a lo largo de los siglos XVIII y XIX, y a su particular conveniencia, las finanzas mundiales.
Cuando llega a Londres en 1925, la experiencia ginebrina también le permite explicar que la política financiera debe estar acompañada de una acción política y económica de base real; capaz de equilibrar las fuerzas ascendentes de los Estados Unidos de América, al comentar favorablemente la deseable contrapartida que hubiera sido la creación de los Estados Unidos de Europa; para vencer así las fuerzas desintegradoras de la competencia entre los viejos imperios mercantiles, que sucumbieron en la Gran Guerra de 1914 a 1918.
Llamado por Gil Borges, flamante subdirector de la Unión Panamericana, llega a Washington en 1926 y se le designa jefe de la Sección Agrícola. Desde allí contribuye a la preparación de la Primera Conferencia Agrícola Interamericana (1930) donde se resumen las características de la explotación agrícola para compartir experiencias y discutir su problemática. La estadística reunida le permite observar como la crisis de 1929 afecta a la producción, a la exportación y a los precios del café.
Señala entonces, con anticipación de dos décadas, las conclusiones de la Conferencia similar que tuvo lugar en La Habana, al término de la Segunda Guerra Mundial, en relación con la dinámica desfavorable de los precios de los productos agrícolas, en relación a los de los productos de mayor contenido manufacturero y la vinculación de ello con los resultados de las balanzas comerciales, su efecto sobre el tipo de cambio y el contagio de la depresión.
Estos vislumbre teóricos serán las fuentes de la discusión, por intermedio de conferencias, de artículos de prensas y cartas a los prominentes banqueros caraqueños, sobre las decisiones del feneciente régimen dictatorial de Juan Vicente Gómez, a partir de su retorno a Venezuela en 1931.
Esas contribuciones teórico-políticas serán también la razón básica de su llamado a colaborar como el primero de los Ministros de Agricultura de Venezuela; su paso rapidísimo al Ministerio de Hacienda, y su contribución al Programa de Febrero de López Contreras (1936) al pasar éste a presidir el gobierno venezolano.
Hoy, como hizo Adriani en 1934, ante las vicisitudes que confrontamos, cabe recordar las palabras grabadas en el reloj de sol del Colegio de Todas las Ánimas de Oxford: Pereunt et imputantur ( las horas pasan y se nos cargan en cuenta).

 

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Alberto Adriani, el Estado y el petróleo


José Ignacio Hernández G. | 8 de agosto, 2016


Hace ochenta años, en la madrugada del 10 de agosto de 1936, murió Alberto Adriani. Ocupaba entonces el cargo de Ministro de Hacienda del Gobierno de Eleazar López Contreras.
1936, para Adriani, fue un año decisivo: desde el Gobierno de López Contreras, Adriani pudo poner en práctica las ideas que desde muy joven había comenzado a trabajar en torno al Estado venezolano. Como bien resumió Simón Alberto Consalvi: 1936 fue el primero, el único, de su beligerancia como gran figura de la política y de la escena venezolana.
Alberto Adriani, afirmó Mariano Picón-Salas, estaba destinado a ser en Venezuela “el gran estadista creador, el hombre que lleva su verdad y su destino definitivo por sobre toda otra contingencia“. Un destino que se truncó hace ochenta años.
Un hombre de pensamiento y de acción
Alberto Adriani nació en Zea, estado Mérida, en 1898. Nació, por ello, en la época que Inés Quintero ha llamado, y con razón, el ocaso de una estirpe. Fue el fin de la Venezuela fragmentada por los caudillos, y el inicio de la Venezuela como país unificado y centralizado.
Fue también la época de la dictadura gomecista. Adriani comprendió —y lo hizo muy bien— que Gómez era un producto social, y que por ello, para cambiar a Venezuela, era necesario cambiar las ideas y pensamientos sobre Venezuela. Algo que no podía hacerse en el país. En 1921 decide por ello abandonar sus estudios de Derecho para marchar a Ginebra, donde trabajó en la delegación venezolana en la Sociedad de las Naciones. Luego se graduó en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociología de la Universidad de Ginebra. De allí emprendió camino a Londres y luego a Washington. En Estados Unidos pudo presenciar los efectos de la crisis de 1929.
Superado los treinta años, y con el temor de que ya el tiempo para la acción en Venezuela había pasado, Adriani regresó a Zea. En el Alto Escalante se interna en la Venezuela agrícola, sin abandonar nunca su constante pasión por pensar a la Venezuela que puede ser.
En diciembre de 1935 muere Gómez, y con ello renacen muchas esperanzas. Una de las primeras medidas adoptadas por el Gobierno de López Contreras, en el sector cafetalero, impulsó a Adriani a escribir un largo telegrama crítico. Con talante democrático, el Gobierno comprende que quien critica sus medidas no persigue atacarlo, sino contribuir a la causa común. Así que el Presidente López Contreras decide llamar a Adriani, quien llega a Caracas en los últimos días de 1935.
En apenas ocho meses de 1936, Adriani desarrolla una carrera veloz. Es designado Ministro del recién creado Ministerio de Agricultura y Cría. Pocos menos de dos meses fueron suficientes para fundar sólidas instituciones en el sector que perduran hasta nuestros días. En abril de 1936 es designado Ministro de Hacienda, con lo cual, el Presidente López Contreras le asignó la primera responsabilidad en un área en la cual venía trabajando desde sus juventud en Zea.
Muy breve fue el paso de Adriani por el Ministerio de Hacienda, por su repentina muerte en agosto de 1936. Breve el tiempo, grande la labor: Adriani sentó las bases de la modernización del sistema tributario, insistiendo en la necesidad de implementar impuestos directos y progresivos, como el impuesto sobre la renta. No creo exagerar al decir que la base del sistema tributario venezolano actual es, principalmente, obra de Adriani.
El Estado en el pensamiento de Alberto Adriani
Si algo definió a Adriani fue su pasión por pensar a Venezuela. Pensamientos que quedaron recogidos en innumerables cuadernos y diversos escritos, que han sido luego recogidos en diversas recopilaciones.
Como bien explica Luis Xavier Grisanti en la biografía sobre Adriani publicada en la Colección Biblioteca Biográfica de El Nacional y la Fundación Bancaribe, Adriani partió de la necesidad de modificar sustancialmente el rol del Estado en la economía: de un Estado basado el dejar pasar y dejar hacer, Adriani propuso un Estado con mayores responsabilidades en la economía. Por ello, se mostró a favor de una “economía orgánica, que somete a un plan armónico todos los factores de producción”.
El rol del Estado venezolano en la economía había sido predominante liberal, en el sentido que no se asumió como cometido estatal la intervención pública en la economía, ni para planificar y regular, ni para gestionar directamente actividades empresariales. Este rol comienza a cambiar en el régimen de Gómez. No se trató de un cambio de pensamiento, sino de un cambio impulsado por el notable incremento de los ingresos nacionales como consecuencia de la renta petrolera. Esto permite explicar por qué en los últimos años del régimen de Gómez fueron creadas las primeras empresas públicas, lo que marcó en cierta manera el fin de una época.
Pero la propuesta de cambio de Adriani no se basó en determinada coyuntura. Por el contrario, Adriani apostó por un cambio estructural del rol del Estado en la economía, apoyando un Estado fuerte que asumiera la planificación y dirección de la economía.
El rol del Estado en la economía, para Adriani, no implicaba sustituir a la iniciativa privada. Tampoco propuso el crecimiento indisciplinado del Estado. Lo advirtió con gran claridad: “el Estado fuerte no significa gobierno tiránico o arbitrario, que nunca aseguró la continuidad de ningún esfuerzo social ni la concordia”. También dijo: “una política económica debe responder a la necesidad de resguardar los intereses colectivos, estimulando a la vez las energías privadas”.
La intervención del Estado en la economía, por ello, debía responder a la idea del plan económico. No postuló Adriani una planificación central vinculante -propia de regímenes totalitarios- sino una planificación orientada a organizar la economía hacia la satisfacción de necesidades colectivas. De allí, por ejemplo, su insistencia en crear un “Banco Central independiente”.
El petróleo y Adriani
Alberto Adriani también analizó el impacto del petróleo en el Estado. Lo hizo, sin embargo, desde su visión de una economía agrícola. Por ello, en sus primeras reflexiones sobre el tema —1927— Adriani señaló que el auge de las industrias extractivas era pasajera, pese a lo cual, tal auge estaba ocasionando la decadencia de nuestra agricultura. Dos años después reiteró su idea: la industria petrolera es precaria. Es, desde un punto de vista económico, “una provincia extranjera enclavada en el territorio nacional, y ejerce una influencia relativamente insignificante en la prosperidad económica de nuestro pueblo“. La conclusión no podía ser más enfática: “no insistimos más en el petróleo“.
¿Erró Adriani en su diagnóstico? Depende del punto del vista que se asuma. No hay duda de que la apreciación de Adriani en torno a la precariedad de la industria petrolera y su influencia “relativamente insignificante” no se corresponde con la formación del Petro-Estado en las décadas siguientes.
Pero creo que es posible otra lectura. Cuando Adriani afirmaba que no podía insistirse más en el petróleo, estaba consciente de que la industria petrolera no era consecuencia del esfuerzo productivo. Por ello su insistencia en el café y en general en la agricultura, como actividades económicas productivas que debían responder a la iniciativa privada, bajo la dirección del Estado.
De allí que Armando Rojas ha señalado que Adriani inspiró la idea de Uslar de “sembrar el petróleo”, sobre la cual reflexioné aquí en Prodavinci. De hecho, Uslar trabajaba en el Ministerio de Agricultura y Cría cuando publicó el célebre editorial en el diario Ahora.
Fue por lo anterior que Adriani cuestionó, en 1931, el uso dado a los ingresos petroleros del Estado. Se preguntaba, así, si tales ingresos se habían convertido en reservas o en inversiones útiles. La respuesta era negativa. Para explicar ello, Adriani realizó una crítica que bien puede explicar nuestra realidad actual, sobre el uso dado a la riqueza petrolera:
“Pero, en general, puede afirmarse que fue mucho mayor la parte que se empleó en consumo inmediato y en inversiones, más propias para aumentar los gastos futuros que la futura productividad del país. Muchos de los beneficiados fueron los constructores de lujosas mansiones, los pródigos viajeros de los viajes de placer, los consumidores de automóviles, vitrolas, licores, sedas, prendas, perfumes y otros artículos de lujo”.
Adriani criticó la economía de consumo derivada del uso indebido de la renta petrolera. Una crítica, casi no es preciso señalarlo, de plena vigencia en nuestros días.
Repensando al Petro-Estado
Hoy, sigue vigente esta idea de Adriani: es necesario diseñar “un programa que señale la ruta durante un largo espacio de tiempo”, todo lo cual debe ser consecuencia de un previo y cabal estudio. Hace falta en Venezuela, como en 1936, un programa económico que se base en el esfuerzo productivo, y no el aprovechamiento parasitario de la renta petrolera.
El desempeño de la economía venezolana avanzado el siglo XX tomó rumbos muy distintas a los queridos por Adriani. La consigna fue el estatismo petrolero, lo que agravó la dependencia de nuestra economía al petróleo y al abandono de todo esfuerzo productivo.
Con el modelo del socialismo del siglo XXI tales vicios se agravaron. Aprovechando el auge de los ingresos petroleros, y con la falsa consigna de la “siembra petrolera”, el Gobierno destinó los cuantiosos ingresos petroleros a ampliar el estatismo en la economía y a fortalecer al Petro-Estado.
¿Quién se benefició de esos grandes ingresos petroleros? La respuesta nos la da Adriani: se beneficiaron los “constructores de lujosas mansiones” y los “pródigos viajeros” con el cupo CADIVI. Se beneficiaron también las empresas de maletín y las arbitrarias expropiaciones. Se beneficiaron, en fin, los importadores de productos fantasmas, en mal estado o que, en todo caso, arruinaron la producción local.
En 1931 Adriani escribía: “es necesario que nos preparemos en los años prósperos, en los años de las vacas gordas”. Hoy Venezuela sufre años de vacas flacas, en el medio de una crisis impulsada, sin duda, por el derroche de la riqueza petrolera en la época de las vacas gordas.
Adriani insistió en la necesidad de diseñar un programa económico para la Venezuela post-petrolera. En eso estamos todavía. Y como bien recordó Alberto Adriani: “pereunt et imputantur”, o sea, “las horas pasan y se nos cargan en cuenta”.


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       Alberto Adriani: su visión internacional y la Unión Panamericana.

 

Jesús E. Mazzei Alfonzo*

             Resulta un honor escribir en la primera edición de la Revista Cuadernos Adrianistas que será un espacio para la difusión y debate de las ideas de este preclaro venezolano que vivió en el primer tercio del siglo veinte y que dejó un legado importante de obra escrita y de vida pública, que aún hoy conserva una importante vigencia. 

            Por ello, adentrase en el estudio de la parábola vital de este insigne y ejemplar  venezolano, es interesante ya que es el primero que se aproxima a los estudios de las ciencias sociales en una forma multidisciplinaria y científica.  Su paso por Europa y sobretodo en la División Agrícola de la Unión Panamericana donde pasa casi tres años, antes en una andadura de casi 10 años en el exterior, será fundamental en su formación intelectual y de hombre público. En ese sentido, este artículo toca brevemente su paso por el viejo continente por una parte, y por la otra, su experiencia internacional en la Sociedad de Naciones, luego su gestión en la División Agrícola para luego finalmente, hacer un esbozo de su gestión en los Ministerios de Agricultura y Hacienda.

             Alberto Adriani, es para muchos conocedores de las finanzas públicas y la economía en el país desde  finales de los años 30, el más brillante Ministro de Hacienda que ha tenido la nación. Fundador ademàs, del Ministerio de Agricultura y Cría, fue un hombre que se adelantó a su tiempo; percibió y comprendió adecuadamente los principales problemas de la Venezuela de los años veinte y treinta Con clara lucidez prospectiva e intelectual, visualizó los primeros problemas que podía tener en la estructura económica nacional la irrupción del petróleo en el sistema productivo, si no se tomaban medidas apropiadas para su adecuada inserción al interno del sistema económico nacional.

 

 Ginebra, Sociedad de Naciones e influencias intelectuales.

 

            Complementó sus conocimientos académicos adquiridos en la Universidad Central de Venezuela, donde inicia sus estudios de Derecho, carrera que no concluye, pero le permitirán acercarse algunas disciplinas de economía política, luego prosigue sus estudios en la prestigiosa Universidad de Ginebra donde se gradúa de economista, con una experiencia organizacional, en diversos organismos internacionales y en la Cancillería venezolana en particular, lo que le permitió tener una amplia visión de las cuestiones políticas y económicas de esos años tanto a nivel nacional e internacional. Su experiencia en el mundo diplomático es realmente interesante, ejercicio el papel de Cónsul y luego como secretario de la Delegación en Ginebra por lo que debe haber redactado muchos de los informes o memorandas que transmitía a Venezuela. Comprendió a cabalidad los complejos problemas que aquejarían a la nueva sociedad europea luego de la Belle Epoque.

             En ese aspecto, la vivencia Europea le amplio el mundo intelectual y profesional. Quizás haya sido el venezolano de su tiempo y momento con mejor formación. Estudia a David Kynley, John Maynard Keynes, Thomas L. Eliot, Chester H. Rowell entre otros, vive el debate intelectual de Europa de la postguerra, en sus diferentes vertientes y dimensiones, tanto políticas, económicas y filosóficas. Eso le hace tener un pensamiento amplio y transdisciplinario para analizar los problemas de su tiempo y época. Sus estudios sistemáticos tanto de Ginebra como de Londres, le llevo a profundizar en la sociología y la economía.  Lee y estudia  The Ende of Laissefaire de John Maynard Keynes por ejemplo, que le hará tener un postura crítica del liberalismo y al papel del  Estado en la economía y en la política, por que considera que el Estado debe involucrase más en la ordenación de la economía y en las relaciones internacionales, tanto en su dimensión política como en la economía internacional. Ve el surgimiento de la segunda fase  de la globalización, aunque no lo conceptualicé como tal.

            En ese sentido, deseo centrar este artículo en su experiencia internacional, que fue el complemento de su formación profesional, primero ejerció roles como  Cónsul de Venezuela en Ginebra en 1921, entre mayo de ese año y noviembre. Allí ingresa a la Universidad de Ginebra, paralelamente el Canciller de entonces, Itriago Chacin le propone al Presidente Gómez nombrarlo como secretario de la Representación venezolana en la Segunda Asamblea de la Sociedad de Naciones, institución fundada a raíz de la finalización de la primera guerra mundial. Adriani, asistirá a la tercera, cuarta, quinta y sexta Asamblea entre 1922 y 1924, respectivamente.  En estos años observará el funcionamiento de la organización, sus vicisitudes y las complejidades de funcionamiento de una naciente organización multilateral en una nueva diplomacia que estaba iniciándose en esa dimensión. Adriani, tuvo como contemporáneos a venezolanos  de la talla intelectual o política de Diógenes Escalante, Santiago Key Ayala, Caracciolo Parra Pérez, José Gil Fortoul, César Zumeta, José Antonio Tagliaferro, de los que enriqueció intelectualmente.

             Así las cosas, conoció y tuvo la posibilidad de empaparse del trabajo global del organismo, adquirió los conocimientos indispensables para manejarse no sólo en el trabajo diario de la Representación venezolana sino además, en la organización multilateral, aprendió el arte de la negociación y a través de las comisiones que integraban el trabajo de la delegación venezolana en Ginebra es probable que Adriani, centrará su trabajo en la primera comisión la que se dedicaba al estudio de cuestiones jurídicas y constitucionales del organismo y en la que estaba dedicada a las cuestiones económicas y financieras de la Sociedad de Naciones.  

             En ese mismo orden de ideas, Adriani, seguirá colaborando con la prensa de su país y  redactará  alguno de sus mejores trabajos intelectuales. Creyó  en los objetivos y se identificó con los ideales de la Sociedad de Naciones, tuvo si se quiere una gran influencia del pensamiento idealista desde todas sus las vertientes y tendencias (Hegel moldeará su pensamiento intelectual, fundamentalmente, aunque leerá además, a Kant, Fichte, Schelling, Croce y Gentile) predominante de la época. Todavía el realismo no había hecho su irrupción a través del libro de E. H. Carr, Veinte años de Crisis, que será editado tres años después de la muerte del ilustre merideño en 1936. Aunque no se hacia muchas ilusiones sobre el ideal wilsoniano y sobre la eficacia ejecutiva de la organización, sin embargo, ve una interesante ventana de oportunidad en la creación de un orden internacional y un laboratorio en la elaboración del derecho y economía de los nuevos estados y las leyes, que servirán de base para la creación de la ONU, años después. Adriani, monitoreará el resto de su vida las actividades del la Sociedad de Naciones. Vive sus años de crecimiento que van del 1921 al 23, los inicios de la estabilidad del organismos del año 1924 hasta 1931 y los conflictos que marcaran la vida de la organización entre 1932 hasta el 36 y los conflictos que años después llevarán a su desaparición en 1939 (estos no los vera). En todo caso, a pesar de la  crisis de  existencia del organismo que le toca presenciar Adriani, es un defensor importante de la creación de una organización internacional que moldee la paz, seguridad y el orden del mundo y que sea un organismo multilateral que los moldee. Adriani se identifica así pues, con el ideal que irrumpe con la  Sociedad de Naciones en su visión política. Es un defensor del multilateralismo, ya que observa que la Sociedad de Naciones, es un organismo que trabaja con métodos más o menos oportunos en la organización de una Europa que había sido sumida en una guerra que la desorganizo y acabó con varios imperios ( la dinastía prusiana – Hohenzollern-, la dinastía rusa- Romanov-, la dinastía turca-osmani/otomana, Austro-Húngaro-Hasburgo-, entre otros) y sembró muchos odios y resentimientos, a pesar de ello, oteaba el futuro con cierto optimismo, por el papel que podía jugar la nueva organización. La Ginebra, pues, de aquel momento le permite el trato con figuras representativas de un mundo convulsionado, como Arístides Briand, Beens, Venizelos, Van Zeeland, Carlos Sforza, Titulescu entre otros.

             Por otra parte cree que Venezuela, debe participar activamente en la Sociedad de Naciones porque somos demasiado débiles y tenemos vecinos demasiado fuertes. Los Estados Unidos inician su era de expansión y debemos establecer vínculos fuertes con Europa.  A manera de balance y garantía. Dice…” Ha pasado el período, en que los Estados Unidos nos protegían contra el imperialismo de Inglaterra o de Alemania…”

             Así las cosas, en fin, los años de Adriani en Ginebra transcurren plenos de aprovechamiento entre los estudios y el trabajo de Secretario de la Delegación de Venezuela acreditada ante la Sociedad de Naciones, donde actuó con la eficacia que le caracterizaba en las cuatro reuniones estructuradas tal fin. Itriago Chacín había cumplido  la promesa. Y el joven venezolano había hecho  honor a su país, a su generación y al  propio organismo internacional.

             Su pasantía por Londres, será fundamental en su formación como lo fue  la de Ginebra; conoce a Keynes como mencionamos arriba, se nutre de toda la discusión intelectual de la Inglaterra de los años 20 y  finales de esa década, es un ávido ratón de bibliotecas estudia al fascismo y al marxismo del cual fue un critico fundamental, en sus fundamentos teóricos y prácticos viendo los primeros años del revolución rusa, además, fue un fuerte crítico del positivismo. Por ello afirmo…” En la misma época en el mundo germánico, a pesar de Vogt, Buchner y Moleschott, profesores de materialismo, el pensamiento filosófico se mantenía fiel a las inspiraciones de Kant y desarrollaba sus varios aspectos en las vastas metafísicas de Fichte de Schelling, de Hegel, y de Schopenhauer. Estos diversos sistemas son de  esencia idealista y de nada hace prever, como lo enseña la última filosofía alemana, el crepúsculo de Kant y de la orientación impresa por él hace un siglo…”.

             Por otra parte, se adelantará en la visión de la futura Comunidad Europea de la que manifestará…” Indudablemente los Estados Unidos de Europa, no son un mito. Ya la idea no es cósmica. Pero, sin embargo, las resistencias que será necesario superar son enormes. Será indispensable borrar  recuerdos de luchas milenarias, odios profundos de religión y de raza, prejuicios e incomprensiones tenaces, modificar el actual estatuto político…”

 

 La Unión Panamericana

 

             En su última experiencia internacional en la Unión Panamericana, antes de regresar a Venezuela, aplicara lo aprendido en esos años, tanto en Ginebra como en Londres. Creía en el papel del Estado como ductor y orientador, fue un critico del Estado liberal, ello también impregno su visión del papel del Estado, dentro del funcionamiento de la economía internacional y también en su rol al interno de la economía nacional, por ello hablaba de un Estado Social. Cree en la interdependencia y en la solidaridad de los Estados.

             Veámosla con más detalle. El 14 de julio de 1926, Adriani recibió una carta de Esteban Gil Borges invitándolo a colaborar en la Unión Panamericana, Adriani acepta el ofrecimiento y a finales de julio de ese año. En el período comprendido entre agosto de 1926 y enero 1928,  el ilustre merideño se abocó al trabajo preparatorio de la sexta Conferencia Panamericana a la que asistió como Secretario de la Delegación de Venezolana, y también el 23 de febrero de 1927 fue nombrado delegado de Venezuela junto con el Dr. Guzmán Alfaro a la Tercera Conferencia Comercial Panamericana que tuvo lugar en Washington del 2 al 5 de mayo de 1927, aquí Adriani también representa a la Cámara de Comercio de Caracas, se crea al seno de la Unión una Oficina o Sección de Cooperación Agrícola. Para que tal departamento empiece a funcionar hay que dirigirse a los gobiernos de los países miembros recabando de ellos las informaciones estadísticas, el sistema legal y las realidades en el campo de la agricultura. Toda una montaña  de trabajo burocrático y organizacional, pero Adriani lo acontece con rapidez y eficiencia. Empieza a observar y vislumbrar, la implantación del petróleo que empieza a alterar el panorama nacional, en la dimensión de la renta petrolera al seno de la economía venezolana. El petróleo sobrepasa desde aquel año 1928 al café como principal artículo de exportación de Venezuela.

              El trabajo de la Sección girará fundamentalmente en torno a la formulación de un plan de fomento para la agricultura en América y que entre las cuales destaca la atención a todas las solicitudes que se recibían en la institución sobre cultivos agrícolas, ganadería, medicina veterinaria, enfermedades, y plagas de las plantas, selvicultura, suelos, irrigación, abonos, avicultura, apicultura, sanidad vegetal y animal, meteorología, estadística, economía y educación agrícola, colonización, industria pesquera, entre otros asuntos relacionados con la sección. La relación de esta oficina al seno de otras instituciones gubernamentales estadounidenses de la Secretaria de Agricultura y de numerosas instituciones científicas, universidades, laboratorios, estaciones experimentales, jardines botánicos y otras instituciones semejantes en todas la regiones de América ya ellos acudía para atender las solicitudes que por su índole requerían investigaciones, ensayos, análisis o trabajos especiales. La sección prestaba múltiples servicios de valor práctico entre las cuales cabe mencionar: exámen y análisis de muestras para determinar enfermedades y plagas, análisis de maderas, envío de semillas para cultivos experimentales, envío de cultivos bacteriológicos para inocular semillas, exterminar insectos y animales nocivos como ratas, hormigas, gusanos, parásitos de animales domésticos entre otros. La Oficina distribuía monografías, estudios, bibliografías, catálogos y otros materiales impresos. Era un organismo de intermediación entre particulares entidades oficiales, organismos científicos, firmas comerciales y manufactureras que negociaban con diversas ramas de las industrias agropecuarias, colaboraba con misiones científicas relacionaba con las autoridades y entidades correspondientes a técnicos que deseaban dedicarse a trabajos especiales en las distintas  regiones agrícolas de América, recogía datos y estadísticas, preparaba listas especiales de estaciones experimentales, instituciones de enseñanza, asociaciones de agricultores y ganaderos.  etc.

              Cumplía otras funciones al frente de la Dirección de Cooperación Agrícola, Adriani redactó la Sección Agrícola del Boletín de la Unión Panamericana. Debe resaltarse aquí el papel fundamental que va jugar en la organización y preparación de la Primera Conferencia Interamericana de Agricultura, Selvicultura e Industria Animal, acordada por el Consejo Directivo de la Unión Panamericana, cumpliendo resoluciones aprobadas por la Sexta Conferencia Panamericana, a la cual Adriani no asiste porque renuncia al organismo, fecha en la cual los distintos estudios de Adriani dan diferentes versiones unos la ubican en enero de 1930 (Miguel Szinetár Gabaldón), otros lo sitúan en diciembre de 1929 (Luis Xabier Grisanti). Pública para los lectores venezolanos en el Boletín de la Cámara de Comercio de Caracas el artículo “La próxima Conferencia Agrícola Panamericana”, donde analiza la naturaleza del evento y posibles resultados. En resumidas cuentas, es este texto  importante para conocer los antecedentes de dicha Primera Conferencia, y la tradición histórica que precedió la actividad de Alberto Adriani en la Unión, y su reflexión, decisivamente influida por la visión panamericana, sobre la agricultura y el papel que debía ocupar esta actividad económica. Debe resaltarse que durante su estadía en Washington fue testigo del colapso de Wall Sreet que evidenció la gran crisis económica mundial de los precios de los productos agropecuarios por una sobre producción y del petróleo que precipito  la crisis económica venezolana de esos años.

             Adriani pues, regresa a Venezuela en enero de 1930, acepta la oferta del canciller Itriago Chacín de  Instructor de Ministros por breve plazo es si se quiere un cargo inocuo para lo que el representa y regresa a Zea para trabajar en las empresas  de su familia en materia agropecuaria, allí escribirá  algunos de sus últimos mejores artículos,  y ensayos sobre economía mundial y economía venezolana entre los cuales cabe mencionar: Las lecturas agrícolas, La crisis, los cambios y nosotros, Venezuela y su industria cafetera, y El dilema de nuestra moneda y la situación venezolana y las primas de exportación, donde se podrá observar su madurez intelectual y audacia  en  el análisis de los distintos problemas. Creo conveniente acotar que la labor de escritura de Alberto Adriani, puede rastrearse desde el año de 1918 hasta 1936

 

 Alberto Adriani en Agricultura y Hacienda.

 

             Luego del 30 de diciembre de 1935, muerto Gómez se inicia un  proceso de democratización aún débil e imperfecto. Se debe resaltar que el 1° de marzo de 1936, luego de la muerte de Juan Vicente Gómez, se inicia un nuevo tiempo político en el país, luego de que el Presidente López Contreras, de la presentación del programa de Febrero, lo nombrará parte de una Comisión que él preside que estudiaría el problema de las primas de exportación ( elabora un artículo arriba citado) a los productos agropecuarios compuesta e integrada además, por Alfredo Jahn, Luis Monsanto, y Ramón León, se da el paso fundamental de inicio al funcionamiento del Ministerio de Agricultura y Cría que venía de ser una unidad organizacional integrada al antiguo Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, donde convergían, ambos despachos ejecutivos, dando a la luz este novísimo Ministerio en una reorganización ministerial importante (sugiero a los amigos lectores consultar la Gaceta Oficial N° 18.894 del 2 de marzo de 1936 ) que va a regir las políticas públicas en materia agrícola y pecuaria del país. Nos es de extrañar que Adriani, asuma Agricultura y Cría, ya que viene de tener una rica experiencia internacional y gerencial en la Organización Panamericana, como Primer Jefe de la División de Cooperación Agrícola, desde 1928 hasta enero de 1930, como ya lo señalamos.

            En el Programa de Febrero (el cual sugiero asimismo, consultar y revisar por la actualidad de muchas de las políticas públicas que están allí planteadas) del cual Alberto Adriani fue corredactor con preclaros venezolanos de la época. Estaban pues, allí esbozadas, algunas ideas para modernizar y adecuar tanto el sector agrícola como el sector pecuario del país, entre otras materias que tocaba este documento. Cuando Adriani asume el Ministerio está en plena madurez intelectual (bebió y se formó de las principales ideas económicas y políticas y del debate intelectual europeo de los años 20 y 30) y de experiencia internacional, adquirida que pondrá en marcha en la organización del nuevo despacho ejecutivo.

            En efecto, contenía el Programa de Febrero entre otras ideas, la creación de: un Banco Agrícola y Pecuario, creación de cátedras ambulantes de agricultura, conservación de los recursos naturales del país; política de bosques, política de aguas, conservación de los suelos, organización y desarrollo de nuestra industria de pesca, distribución económica y rápida de los productos en pesca entre otras medidas que invito a los amigos lectores a leer las propuestas de. Alberto Adriani en ese documento, donde también dejara su impronta en materia de política fiscal y política comercial, de inmigración y colonización, temas en los cuales en su vida intelectual había reflexionado y que además se pueden ubicar en su libro Labor Venezonalista que ya lleva varias ediciones. Se le considera el primer economista de Venezuela, combina dos funciones a la vez, es un teórico y un político de la economía que vive su problemática como estudioso y luego, como gerente de la empresa familiar de sus padres y cuando asume los dos Despachos Ejecutivos que estarán bajo su comando, primero Agricultura y Cría y luego Hacienda, a partir del 29 de abril de 1936.

             En suma, Alberto Adriani Mazzei, funda el Ministerio de Agricultura a pesar del poco tiempo que estuvo en el ejercicio del cargo dejó una impronta determinante en el futuro de ese Despacho Ejecutivo. Dotado de una claridad intelectual y preparación profesional llega al Ministerio de Agricultura y se pone a trabajar desde el primer día sin perder tiempo.


             En principio, en Agricultura y Cría pone andar el Banco Agrícola y Pecuario (Convirtiéndola en una institución que protegerá la agricultura especialmente en lo relativo al crédito, de allí surge el Decreto del 21 de marzo de 1936 que centralizo el crédito agrícola) y las políticas sectoriales en materia pecuaria, de suelo, aguas y de pesca para modernizar este sector económico vital para la salud del sistema económico venezolano, de aquél entonces que ya visualizaba el peso del petróleo en la economía venezolana. Funda El Agricultor Venezolano.

                         De modo para Adriani, su paso por el Ministerio de Agricultura y Cría siempre fue motivo de preocupación la suerte del cultivador agrícola y fundamentalmente el presente y futuro de las regiones cafetaleras del país fundamentalmente, por la influencia que las empresas emprendidas por sus padres que habían ejercido en su formación y la concientización que tuvo él de la importancia del café en la economía venezolana

              Como consecuencia de su paso por el Ministerio de Agricultura y Cría y luego de estabilizado la nueva unidad administrativa creada, el 29 de abril de 1936, se nombra a Alberto Adriani en el Ministerio de Hacienda. En una jugada maestra del presidente López Contreras, reorganiza el Gabinete y lo nombra en el cargo que estaba hecho a su medida. Adriani, no va a Hacienda sin experiencia en la gestión pública. En efecto, viene ya con la experticia de pasar por un despacho ejecutivo que le permitió tener una visión de algunos de los problemas económicos del país, que por otra parte, le permite conocer el tamaño y la dimensión del estado venezolano de aquel año de 1936, sus complejidades, organización, formas de interrelación y de toma de decisiones, ahora le tocará manejar, formular y decidir sobre las políticas de finanzas públicas del país.

             Así las cosas, dentro del Programa de Febrero del cual Alberto Adriani fue importante corredactor. Estaban allí, pues, esbozadas algunas ideas para modernizar y adecuar el sector de finanzas públicas del país.

            En efecto, contenía el Programa de Febrero la creación de una política fiscal estimuladora de la producción nacional, una reforma del sistema tributario, manejo escrupuloso de los fondos públicos; es decir una ética pública del ejercicio de la función pública, aumentar la renta minera, estudiar la organización bancaria para una reforma de la misma. Impulsará y estimulará los primeros estudios para establecer un Banco Central Banco (que se hará efectivo en 1941), coordinación de los sistemas tributarios del estado Federal, Estadual y de Municipios, establecimiento de tratados bilaterales y multilaterales de conformidad con la política comercial que se adopte de fomento a la producción nacional entre otras medidas, que invito a los amigos lectores a leer de este documento. Otras propuestas de Alberto Adriani, en ese texto, girarán en torno a la inmigración, colonización, y agricultura y cría, temas a los cuales en su vida intelectual había reflexionado con densidad y profundidad, y que se pueden ubicar en su libro Labor Venezonalista que ya lleva varias ediciones. Se le considera el primer economista de Venezuela, combina dos funciones a la vez, es un teórico y un político de la economía que vive su problemática como estudioso y luego, como gerente de la empresa familiar de sus padres y cuando asume, primero el despacho de Agricultura y luego, Hacienda, como hemos informado anteriormente a partir del 29 de abril de 1936. Exactamente hace 78 años.


            Alberto Adriani Mazzei, no cabe duda, es a mi modesto parecer el más brillante ministro de Agricultura que ha pasado por dicho Despacho Ejecutivo y el de Hacienda luego de Santos Michelena, respectivamente le va dar lustre, brillantez, a pesar del poco tiempo que estuvo en el ejercicio del cargo. Está en el momento cúspide de su vida intelectual y profesional y con un gran futuro político por delante. Es una autoridad económica de la época, irradia una auctoritas como pocos venezolanos en aquél momento. Irradia una sólida auctoritas.


            Es menester señalar que, Adriani tiene ante sí un reto impresionante: modernizar las finanzas públicas venezolanas. Por ello, lleva adelante en la corta permanencia en el cargo una revisión a fondo del sistema tributario y designa una sub-comisión de estudios de Legislación Fiscal, para entre otras cosas, presentar reformas a la Ley de Aduanas y varios proyectos de ley sobre varios ramos de la Renta Nacional. Funda con su dilecto amigo Manuel R. Egaña, la Revista de Hacienda, como una vía de estímulo para publicar artículos de altísimo nivel intelectual sobre el presente y porvenir de las finanzas públicas y la macroeconomía en general venezolanas. Lamentablemente, la muerte lo sorprendente el 10 de agosto, y se trunca una real esperanza para el futuro político y económico del país, en las próximas décadas.

             Es un venezolano de visión futurista cuando ve la importancia de la radio y utiliza los medios radio eléctricos de aquel entones para comunicarse con el país en alocuciones semanales.


            En síntesis, podría decirse que, para Adriani, en su paso por Hacienda siempre fue motivo de preocupación la suerte de la política fiscal y la coordinación de ésta con otras políticas macroeconómicas, para una ejecución armónica de la misma. Él es un verdadero paradigma de pensar y actuar para la juventud venezolana, sigamos su ejemplo y continuemos profundizando el estudio de su obra.

             Adriani, como se ve finalmente, se dedicó a formarse y a estudiar, en aquel entonces ya valoraba lo importante de la formación y adquisición de conocimientos, en una Venezuela de pocas oportunidades. Por ello, para los jóvenes es un ejemplo a seguir. Fue un hombre visionario y de acción,  vinculado sin embargo a serios estudios sobre la economía, la sociedad y la economía de su tiempo, como lo comprobó su parábola vital. Tuvo a fin de cuentas una visión de la cuestión internacional, unido también a su sólida formación económica.

 

Bibliografía

 Adriani, Alberto, Cuadernos de composiciones. Academia Nacional de Historia, Caracas. Labor Venezonalista, Academia Nacional de Ciencias Económicas Caracas, 1987

 Consalvi, Simón Alberto,  La profecía de la palabra, vida y obra de Mariano Picón Salas, Tierra de Gracia  Editores, Caracas, 1998.

Grisanti, Luis Xabier, Alberto Adriani, Biblioteca Biográfica Venezolana (BBV) Nº. 94, Caracas 2008 El Nacional y Bancaribe.

 Ortiz s.j, Eduardo Historia del Pensamiento Económico Venezolano en la Primera mitad del Siglo XX, Tomo I y II. Universidad Católica Andrés Bello. Caracas  2007.

 Rojas, Armando, La Huella de Alberto Adriani, Fundación Alberto Adriani, Caracas 1994.

 Rojas, Armando, Alberto Adriani, Textos Escogidos. Prólogo y bibliografía, Biblioteca Ayacucho, Caracas 1998.

 Sznietar Gabaldón, Miguel, El proyecto de cambio social de Alberto Adriani 1914-1936, Centro de Estudios del desarrollo (CENDES), Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1998.

 * El autor es Politólogo y Diplomático, con postgrados en Economía  y Relaciones Internacionales.

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ALBERTO ADRIANI VISIONARIO DEL ESTADO DEMOCRÁTICO 

(A los 119 años de su nacimiento).
 

Román J. Duque Corredor
Presidente de la Fundación Alberto Adriani

“Su muerte es una lamentable pérdida para Venezuela”, afirmaba el Presidente Eleazar López Contreras, en su decreto de fecha 10 de agosto de 1936, al anunciar al país el fallecimiento del doctor Alberto Adriani, Ministro de Hacienda y al declarar por ese motivo duelo oficial por tres días a partir de esa fecha.
El Dr. Alberto Zérega Fombona, su profesor en la Universidad de Ginebra, en sus palabras en la Cámara de Diputados calificó su fallecimiento de “desgracia nacional” por significar una pérdida “para propiciar la grandeza del futuro patrio”: Y, el escritor Pedro Sotillo, al referirse a la muerte de Alberto Adriani, lo llamó “una de las personalidades más vigorosas de Venezuela”.
En verdad, que este venezolano insigne, nacido hace 119 años, en la población de Zea, Estado Mérida, el 14 de junio de 1898, fue, sin duda, esperanza y futuro de la Venezuela postgomecista. Por lo que su muerte fue tan sentida y lamentada nacionalmente. La divulgación de su obra, su pensamiento y su acción, como personalidad sobresaliente de científico y trabajador incansable por el desarrollo cultural, social y económico sustentable de nuestro país, justifica se conmemore el 119 aniversario de su nacimiento y se recuerde su legado de progreso en libertad, sobre la base de un compromiso nacional, como un acervo aún no cumplido en nuestro país.

Adriani, señaló la necesidad de buscar puntos de confluencia para encontrar caminos o sendas de progreso y de paz para superar la crisis que en todos los órdenes sufrían los venezolanos. Adriani consideraba obligatorios para los gobiernos los consensos y conciertos en épocas de crisis y de transiciones políticas, según su concepción que gobernar no es mandar sino dialogar. Deber estadal que hoy día es más imperioso por el deterioro institucional y el déficit económico y social en que se encuentra Venezuela, reconocido por organizaciones nacionales e internacionales científicas y de opinión, de innegable prestigio y de acrisolada autoridad.
Alcanzar la paz y la convivencia política, como garantía de una prosperidad económica sostenible era el pensamiento básico adrianista de la apertura económica, para una eficiente producción nacional, la consolidación y ampliación del mercado interno, el incremento de los ingresos públicos no dependientes del petróleo, una inversión extranjera productiva y de tecnologías modernas, una inmigración selectiva y de un sistema educativo integral vinculado a las oportunidades de trabajo; dentro de un Estado federalizado, en base al desarrollo municipal, que condujera el país hacia una economía nacional, autónoma y próspera.
Ello a través de un plan armónico de todos los factores de la producción, según sus propias palabras, que compatibilice “Cada libertad concreta reglada con los intereses del colectivo”. Plan este en el cual Adriani advierte que, “la agricultura y la cría son mucho más importantes que otras actividades postizas y antieconómicas a las cuales dedicamos mayor atención”, y que considera “al petróleo como una riqueza transitoria y postiza”, en su tajante definición de potenciar lo sostenible de una economía de avanzada. Proyecto este de Alberto Adriani, de superación de “ideologías y nacionalismos rabiosos” y del paso de “un estado gendarme a un estado providencia”, que era su visión de una Venezuela que afrontara los grandes desafíos de una sociedad venezolana, moderna y progresista, en libertad y democracia, que en el siglo XXI, en la actualidad, en Venezuela, como no lo fue nunca antes en nuestra historia, sigue siendo una exigencia, ante la presente debacle nacional, fruto de un gobierno que practica lo que Adriani llamó “ideología rabiosa”, que tiene el odio , la persecución y la destrucción como política de Estado.

La Fundación Alberto Adriani, considera, que los 119 años del nacimiento de su epónimo, es oportunidad propicia para hacer justicia a quien pensó en un proyecto de país, que no se queda solo en el plano político sino que comprende también lo económico, lo social y lo educativo, y, que, en palabras de Mariano Picón Salas, es su aporte doctrinario, como estadista, para sacar “de la tiniebla una vida nacional aterida y muerta”, que aún sigue pendiente en el país como un legado incumplido.
Hoy, al conmemorar el nacimiento de Alberto Adriani, en el presente histórico de un proyecto político totalitario, que se adelanta en el país, y que se quiere consolidar con una constituyente antidemocrática, su advertencia sobre los regímenes estatistas y personalistas cobra vigencia, como lo era después del gomecismo, de que “El estado tiránico o arbitrario nunca aseguró la continuidad de ningún esfuerzo social ni la concordia, y no justifica a caudillos voraces e independientes”. Y su requerimiento, ante una situación como la que sufrimos los venezolanos de un deterioro institucional, moral, social y económico, de que “La patria nos agradecería que encontráramos - y nuestro deber es buscarlas- las vías seguras de su prosperidad y de su gloria”; es un compromiso moral que tenemos los venezolanos. La muerte de Alberto Adriani, privó a Venezuela de una gran estadista, que de haber sobrevivido mucho más, su proyecto de un Estado democrático con una economía provechosa sustentable, hubiera sido una ruta de progreso para nuestro país.
Al recordar su nacimiento hace 119 años, repetimos, con el ex dirigente estudiantil Rubén Darío Peralta: “que hubiera sido de Venezuela si este estadista hubiera vivido lo suficiente para cumplir su promesa “el año que viene pondremos el país a producir” (http://rubendarioperalta.blogspot.com.es/2010/04/un-consejo-de-alberto-adriani-para-los.html#!/2010/04/
 

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Alberto Adriani y el humanismo cristiano

 

Luis Xavier Grisanti

Sería casi una redundancia afirmar que los inmigrantes italianos de la isla de Elba y franceses de la isla de Córcega, que arribaron a los Andes venezolanos y a otras regiones del país en la segunda mitad del siglo XIX, eran católicos practicantes. Sin desmerecer los aportes al desarrollo cultural y socio-económico de Venezuela de la más reciente inmigración española y lusitana, judía y árabe cristiana o musulmana, no cabe duda de que los italianos y corsos trajeron a estas tierras los valores éticos y morales de la cristiandad occidental y la mística de trabajo e ímpetu empresarial que tanto contribuyeron al progreso agropecuario e industrial de la Venezuela pre-petrolera.
Y es el caso que cuando los recién casados Giuseppe Adriani y María Caterina Mazzei se establecen en la pequeña población de Zea, Estado Mérida, en 1893, la antigua Aldea de Murmuquena había sufrido un terremoto devastador y los pobladores emprenden la reconstrucción del remoto pueblo andino. La joven pareja, junto con otros inmigrantes como Cayetano Giordano y Quirico Sardi y los nacionales Horacio Velasco y Alfredo Sánchez Cabrales, no escatima recursos ni esfuerzos para rehacer la comarca cafetalera. La Iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes volverá a ser una joya de la arquitectura barroca de la Cordillera de los Andes, gracias a la fe cristiana de sus habitantes. Eran aquellos los años de la publicación por el Papa León XIII de la emblemática Encíclica Rerum Novarum (1891), la cual reivindica los derechos de los obreros y trabajadores y marca el inicio de la actual Doctrina Social de la Iglesia Católica.
Los Adriani Mazzei se dedicaron al cultivo del café y la cría del ganado. No sólo se convirtieron en uno de los principales productores y exportadores de la codiciada semilla, sino que promovieron, con voluntad evangélica, la construcción del primer hospital y la instalación de la primera planta eléctrica, el primer telégrafo, la primera imprenta y el primer periódico. Miguel Ángel Burelli Rivas afirma: “el hogar de los Adriani era un pedazo de Europa en la calle principal de Zea.” El escritor R.A. Rondón Márquez escribe: “libros escogidos, discos seleccionados cuando sólo podían llevarse allá fonógrafos y vitrolas, álbumes de cuadros y esculturas célebres y conversación distinguida…”
En este austero ambiente de trabajo y de cultura nace Alberto Rómulo Adriani Mazzei, el 14 de junio de 1898. Aquella Venezuela contaba con menos de 1,8 millones de habitantes. Su producto interno bruto (PIB) era de Bs. 347 millones, representado en un 63% por la agricultura y la cría. Armando Rojas señala que los hermanos Adriani Mazzei nacieron “en un hogar donde se rendía culto a la virtud y donde el trabajo marcaba el ritmo del tiempo.”
Alberto cursa la primaria en la escuelita de Zea; pero en el cuarto grado sus padres le inscriben en el Colegio Santo Tomás de Aquino, recientemente fundado por el joven presbítero Ramón de Jesús Angulo, en 1911. Giuseppe y María Caterina, católicos de pensamiento progresista, patrocinaron la fundación y construcción del Colegio, junto con otros notables del próspero pueblo merideño. El recordado educador zedeño, Félix Román Duque, director del Instituto y padre del eminente jurista J.R. Duque Sánchez, advierte el talento y la madurez precoz del niño Alberto.
El adolescente zedeño, a los 16 años, comienza a escribir su Cuaderno de composiciones. En 21 artículos, escritos entre el 10 de enero de 1914 y el 2 de febrero de 1915, deja constancia de su principal mortificación: el grado de atraso de su país frente al progreso institucional, cultural y científico del resto del mundo. La consecución de una Venezuela civilizada, moderna y democrática pasa a ser su razón de ser, su casi única obsesión existencial. La religión ocupa un espacio en sus composiciones y muestra su inquietud porque el acelerado avance tecnológico del mundo no colida con la formación y valores espirituales del individuo, forjados a partir del humanismo greco-latino y cristiano.
El joven Adriani culmina el bachillerato en Filosofía y Letras en la Universidad de los Andes, donde fue discípulo de su Rector Emérito, Tulio Febres Cordero. Se traslada a Caracas a proseguir estudios universitarios, donde serán sus maestros los juristas Pedro Itriago Chacín, Esteban Gil Borges, José Santiago Rodríguez, Lorenzo Herrera Mendoza, Alejandro Urbaneja, Celestino Ferrara y Carlos F. Grisanti. Sin embargo, la Universidad Central de Venezuela había sido clausurada por el general Juan Vicente Gómez, dictador del país. Permaneció cerrada durante una década, hasta 1922; pero una reforma educativa impulsada por el entonces ministro de Educación, Felipe Guevara Rojas, permitió reabrir separadamente las escuelas de Medicina, de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales y de Ciencias Políticas (en Santa Capilla), donde se registra el bachiller merideño en 1917, compartiendo residencia en Caños Amarillo con su paisano y entrañable amigo, Mariano Picón Salas. En 1921 abandona los estudios de Derecho y viaja a Europa, donde se graduará de Economista en la Universidad de Ginebra, en 1925.
El estudiante universitario y joven economista pasa una década entre Europa (Ginebra y Londres, 1921-1926) y Estados Unidos (1926-1929), leyendo ardorosamente, viajando por el Viejo Continente y Nueva Inglaterra y preparándose para la “regeneración” democrática de Venezuela. Participa como secretario de la Delegación de Venezuela en las deliberaciones fundacionales de la Sociedad de las Naciones –antecesora de la Organización de las Naciones Unidas-, junto a Diógenes Escalante, Caracciolo Parra Pérez y Santiago Key Ayala. Funda la oficina de Agricultura de la Unión Panamericana en Washington, D.C., bajo la orientación de su mentor Esteban Gil Borges, entonces sub-director del organismo antecesor de la Organización de Estados Americanos.
Se interna en su natal Zea, a cultivar la tierra, entre 1930 y 1935, últimos años de la interminable autocracia del general Gómez. El general civilista, Eleazar López Contreras, nuevo Presidente de la República, le llama para integrar el equipo que dirigirá la transición democrática de Venezuela. Es nombrado primer ministro de Agricultura y poco después ministro de Hacienda; pero fallece repentinamente el 10 de agosto de 1936, a los 38 años recién cumplidos.
Más allá de los cargos públicos, Alberto Adriani deja en sus ejecutorias y en sus numerosos artículos y ensayos una hoja de ruta para el desarrollo económico y social integral de Venezuela. Fue un verdadero visionario que desarrolló temas como la edificación de una “pan-civilización” mundial basada en el humanismo y la democracia. Predijo en 1925 la integración de los “Estados Unidos de Europa”. Propició el panamericanismo y la integración latinoamericana. Anticipó el surgimiento de China y Brasil como potencias futuras. Abogó por una relación digna con los Estados Unidos, reconociendo los progresos socio-económicos y científicos de este país por virtud de su democracia y su movilidad social. Defendió la necesidad de que las relaciones comerciales internacionales se realizaran en condiciones de igualdad entre las naciones, sin competencia desleal y bajo principios de reciprocidad. Fue un convencido internacionalista y un adelantado del multilateralismo y la globalización, como se evidencia en el siguiente pensamiento (Un sistema nacional de comunicaciones, 1931):
“El aislamiento es imposible…En un mundo cuya unificación se perfecciona incesantemente no es de extrañar que el viejo concepto de soberanía vaya perdiendo su vitalidad, a tiempo que se afirman el concepto de solidaridad internacional y la doctrina de la cooperación.”
El aventajado internacionalista andino fue de los primeros venezolanos que alertó sobre los peligros de la excesiva dependencia petrolera y del abandono de la agricultura y la cría. Ante la naciente bonanza petrolera, planteó mantener una moneda competitiva y no sobrevaluada y crear un fondo de ahorro para los tiempos de vacas flacas. Fue pionero en su llamado a la conservación de los recursos naturales renovables y al desarrollo armónico de las riquezas forestales y mineras de la Guayana venezolana. Delineó una estrategia nacional de comunicaciones, a fin de modernizar la red de transporte terrestre, fluvial y marítimo de Venezuela. Fue de los primeros venezolanos que planteó la necesidad de que la nación “acordara un plan metódico de desarrollo” integral y nacional a largo plazo, generador de una “economía orgánica”, orientado por el Estado, pero realizado con las capacidades del sector privado (capital y fuerza laboral):
“Un plan económico permitirá coordinar las actividades económicas de un país, tanto las públicas como las privadas, y darles la dirección que más se acuerde con los intereses permanentes de la Nación…La iniciativa privada seguirá libre; pero es claro que no podría ni le convendría apartarse de las líneas maestras del país.”
Adriani propuso la creación del Banco Central y la renovación del sistema tributario y bancario venezolanos; iniciativas que fueron más tarde alcanzadas con la promulgación por el presidente López Contreras de la primera Ley del Banco Central de Venezuela (1939), y por el presidente Isaías Medina Angarita de la primera Ley de Impuesto sobre la Renta (1942), la avanzada Ley de Hidrocarburos de 1943 y la Ley de Minas de 1945, cuyo ponente fue su principal colaborador y amigo, el entonces senador y presidente del Congreso Nacional, Dr. Manuel R. Egaña.
El visionario economista merideño desechó las tesis económicas liberales y llamó a la armonía y colaboración entre el Estado y el sector empresarial privado. Esbozó la tesis de un “Estado Social” en Venezuela y pensó en la necesidad de que los países exportadores de materias primas formaran acuerdos de cooperación internacionales para defender los precios de sus productos de exportación. Propició el desarrollo científico y tecnológico de Venezuela, exhortando al Estado a ayudar al agricultor venezolano a aplicar las técnicas más modernas de producción agropecuaria.
No cabe duda de que en Alberto Adriani, desde sus escritos de la adolescencia hasta aquellos del maduro economista y hombre de Estado ya provisto de una vasta cultura cosmopolita y universal, se aprecia la búsqueda permanente de la armonía entre la razón y el espíritu, entre la ciencia y la cfe religiosa, entre la tecnología y el humanismo. Y esta preocupación existencial es de indudable raigambre cristiana.
En el artículo Instrucción, periodismo y religión, escrito en su Cuaderno de composiciones, el joven pensador se muestra partidario de la educación cristiana como ingrediente básico en la formación del ser humano. Más tarde, en 1930, el economista de 32 años escribe el artículo El catolicismo angloamericano y la acción social, para el periódico Patria de Mérida, donde desarrolla el tema del arraigado compromiso social de los católicos estadounidenses. Y antes, cuando estudiaba Derecho en la Facultad de Ciencias Políticas de Santa Capilla, sostiene:
“…con la Biblia, y con…la filosofía antigua…se puso a hilvanar una nueva civilización…En tales condiciones la humanidad pudo penetrar muy hondo en el nuevo rumbo…La humanidad, creyendo en las verdades de Jesús, estaba dispuesta a seguirle hacia el fin…Es de creerse que la vida habría encontrado y afirmado la solución necesaria.”


BIBLIOGRAFIA:
Adriani, Alberto, Cuaderno de composiciones, Academia Nacional de Historia, Caracas. Labor venezolanista, Academia Nacional de Ciencias Económicas, Caracas, 1987.
Asamblea Nacional, Resolución conmemorativa del 76to. Aniversario del fallecimiento de Alberto Adriani. Diputados William Dávila Barrios y Fernando Soto Rojas, Caracas, agosto 2012.
Consalvi, Simón Alberto, La profecía de la palabra, vida y obra de Mariano Picón Salas, Tierra de Gracia Editores, Caracas, 1996.
Egaña, Manuel R., Obras y ensayos seleccionados, selección y estudios preliminares: Rafael J. Crazut y Félix Soublette, Banco Central de Venezuela, Caracas, 1990.
Grisanti, Luis Xavier, Alberto Adriani, Biblioteca Biográfica Venezolana (BBV) No. 94, Caracas, 2008. Manuel R. Egaña, BBV No. 64, El Nacional y Bancaribe, Caracas, 2007.
Rojas, Armando, La huella de Alberto Adriani, Fundación Alberto Adriani, Caracas, 1994. Alberto Adriani, textos escogidos, prólogo y bibliografía, Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1998.
Szinetar Gabaldón, Miguel, El proyecto de cambio social de Alberto Adriani 1914-1936, Centro de Estudios del Desarrollo (CENDES), Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1998.

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ALBERTO ADRIANI MAZZEI

 Narciso Guaramato Parra[1]

 Corre el Año 1890, en Venezuela, a partir del mes de marzo gobierna Raimundo Andueza Palacio. En el país hay prosperidad económica, lo que atrae a un numeroso grupo de emigrantes europeos y en especial, gracias a vínculos comerciales establecidos, arriban a las costas venezolanas miles de italianos que van a contribuir con su esfuerzo al desarrollo nacional..

 

 Es así que provenientes de la isla italiana de Elba llegaron al puerto de Maracaibo el matrimonio formado por Don José Adriani y Doña María Mazzei. A su arribo al país, parten hacia los Andes venezolanos para llegar a su destino final, el pueblo de Zea, el cual se encuentra cercano al límite occidental del Estado Mérida, a 98 kilómetros de la Capital y a 12 de Tovar en la vertiente derecha del río Escalante.

 

El Matrimonio Adriani Mazzei, son de mediana posición económica y amantes de la lectura y la buen música. En Zea, Don José va a desarrollar una intensa actividad agrícola.

 

En el año 1898, nace Alberto Adriani, quien desde tempana edad, demuestra haber heredado, de sus padres, un elevado interés por la lectura, a tal punto que a los 15 años le pide a su padre que le regale una imprenta. Regalo muy fuera de lo común, pero que Don José se apresta rápidamente a complacerlo, con la consecuencia de que el 15 de mayo de 1914, el pueblo de Zea ve nacer el periódico “El Impulso”. La información será el arma que siempre esgrimirá Adriani y que lo llevará a ser un comprador incansable de libros y revistas alrededor del mundo.

 

Ese mismo año Alberto, se dirige a Mérida, la capital, a culminar sus estudios de bachillerato, para posteriormente, en 1918,  arribar a la ciudad de Caracas, para iniciar estudios de derecho en la Escuela de Ciencias Políticas de la  Universidad Central de Venezuela, ubicada en santa Capilla. Desde un comienzo el joven Adriani causa buena impresión entre el cuerpo profesoral, pero en especial, en Dr. Esteban Gil Borges, Ministro de Relaciones Exteriores quien percibe en el joven, una gran inteligencia y sobre todo, madurez.

 

El Dr. Gil Borges invita al joven Adriani, de 22 años, a viajar a la ciudad de Ginebra, para que ejerciera la función de Cónsul General. Este viaje será de vital importancia en el desarrollo intelectual de Alberto Adriani. Por una parte realiza estudios de doctorado en economía y ciencias sociales, motivo por el cual es considerado el primer economista profesional del país, y por la otra entra en contacto con la Sociedad de Naciones, precursora de la actual Naciones Unidas, donde ejerce las funciones de secretario de la delegación Venezolana, Esta actividad le proporciona una visión bastante completa de los problemas mundiales.

 

El Dr.  Rafael Armando Rojas[2] nos refiere de esta etapa en la vida de Adriani:

 

No creo equivocarme al afirmar que, hasta ese momento, ningún otro venezolano se había preparado de manera más sustantiva y sistemática en esta disciplina científica. No encontramos en otros compatriotas anteriores a Adriani un cuerpo de trabajos dedicados al estudio de los problemas económicos y sociales de Venezuela y demás países de América Latina. Pienso que con justicia debe considerársele como el iniciador de la ciencia económica en nuestro país[3]

 

Adriani permanecerá alrededor de 5 años en Ginebra para posteriormente, en 1925,  pasar a Londres, donde desarrolla un papel fundamental en el rescate de los archivos del Precursor, General Francisco de Miranda. Posteriormente, en el año 1929, por invitación del Dr. Gil Borges -quien estaba exiliado, por no haber mencionado al Gral. Gómez durante la inauguración de una estatua a Bolívar en la Ciudad de Nueva York - se dirige a la ciudad de Washington, donde le ofrecen el cargo de primer jefe de la división de Cooperación Agrícola de la Unión Panamericana.

 

Este período internacional en la vida de Alberto Adriani, es de intensa actividad intelectual, donde realiza una gran diversidad de análisis que cubren un gran espectro de la problemática económica de Venezuela. La vida de Adriani fue enmarcada, casi en su totalidad, por la dictadura de Juan Vicente Gómez, de quien fue un crítico incansable. A los veinte años de edad escribe lo que piensa debería ser un programa de gobierno a la muerte de Gómez. En uno de los párrafos se lee, como visón de un futuro anhelado:

 

 Una nueva faz de nuestro desarrollo, un nuevo camino empezaremos a transitar desde hoy: desaparecerá la tiranía, y con ella las obstrucciones que en toda hora entorpecieron nuestro desarrollo nacional.[4]

 

Todos los escritos del Dr. Adriani fueron realizados con su puño y letra, en numerosos cuadernos[5], que gracias a su hermano, el Dr. Albano Adriani (médico cirujano) han sido conservados para provecho de futuras generaciones.

 

En  el año 1930, después de haber permanecido en el exterior. El Dr. Adriani regresa al país, a su pueblo de Zea, donde se dedica junto a su padre a las labores agrícolas. Sin embargo no abandona su labor intelectual, durante su estadía, la oficina de correo del pueblo se vio desbordada de revistas fijas y periódicos, folletos y libros de diversos lugares del planeta. Sus escritos del período, fueron numerosos y profundos, demostrando una metodología analítica desconocida para la época, y sobre todo promisorios.  Adriani nunca escribió un libro para su publicación, pero sus trabajos fueron publicados en diarios y revistas de Venezuela y el extranjero.

 

Al cumplirse un año de la muerte de Alberto Adriani, sus amigos Arturo Uslar Pietri y Diego Nacerte Sardi recopilaron sus principales trabajos en libro titulado: “Labor Venezolanista”

 

Muerto Gómez, en el año 1936, el General Eleazar López Contreras, invita al joven intelectual, a formar parte del gabinete al frente del recién creado, Ministerio de Agricultura y Cría. Cargo hecho como traje a la medida de un hombre que siempre demostró un interés especial por los temas agrícolas. Para muestra tres de sus pensamientos:

 

No imponer la mendicidad obligatoria y trocar los agricultores en mendigos que agradecen la dádiva sino producir y saber que vamos a producir. Es lo que necesita la economía…[6]

 

No hay que dejar la tierra sin cultivos y no se debe permitir que falte el pan a los venezolanos[7].

 

En América, el desarrollo de la agricultura depende también de la difusión  e la ciencia agrícola y de los organismos de investigación y experimentación. Sólo así podrán aquellos países hacer más económica y más productiva la explotación del suelo[8].

 

Escasos dos meses estuvo al frente de la cartera de Agricultura y Cría, pero en el corto lapso “organizó el crédito agrícola, convirtiéndolo en el mas eficiente instrumento de protección de nuestra agricultura. El Banco Agrícola y Pecuario dejó de ser un rutinario órgano oficial para el otorgamiento de créditos y cobro de acreencias, a veces en forma compulsiva. Fundó la revista “El Agricultor Venezolano”, para cuyo primer número escribió la nota editorial. Esta publicación se ha mantenido hasta el presente, ha prestado útiles informaciones a nuestros agricultores”[9].

 

El  29 de Abril de 1936 se le asigna la cartera de Hacienda. Llegados a este punto, ya podemos tener una visión sobre la personalidad del Dr. Alberto Adriani, proporcionado por un testigo de primera línea, compañero suyo en el Gabinete del Gral. López Contreras. El Dr. Arturo Uslar Pietri nos comenta:

 

Nunca podré olvidar la atmósfera de energía y de confianza que se respiraba en su presencia. Tenía la voz metálica y apresurada y cierta brusquedad en el tono que contrastaba con su afable naturaleza. Cuando comenzó a trabajar en la administración pública lo hizo como un hambriento. Quería multiplicar las horas y los días para rendir la labor que le había sido asignada por tantos años. Corrientemente pasaba diez y ocho horas en su mesa de trabajo.

 

Pertenecía a esa extraordinaria raza de hombres tónicos que en su presencia contagian una fiebre creadora. A su alrededor solo se veían gentes entregadas entusiastamente a su labor[10]

 

También fue muy corta su estadía en Hacienda, apenas 100 días, pero igual que en el Ministerio de Agricultura, su labor fue fructífera, “emprendió la reforma tributaria decididamente, implantando por primera vez en Venezuela el impuesto progresivo a las sucesiones, que establece un plan  de igualdad para los contribuyentes; renovó la Ley e Arancel, que se acerca a una estructuración mas justa y mas científica de nuestros rendimientos aduaneros, beneficiando directamente a las clases pobres, protegiendo a la pequeña industria, castigando con aforos nacionales los artículos suntuarios y exonerando de impuestos al ultraje propio del artesano y del trabajador agrícola, y se le vio en las cámaras, defendiendo con su dialéctica hecha síntesis en la expresión numérica, su proyecto sobre la Ley Orgánica de la renta de Cigarrillos, hasta lograr en parte el triunfo de sus tesis”.[11]

 

Fue muy corto el período del Dr. Adriani en la Administración Pública, pero dejo honda huella por su capacidad de trabajo y por sus aportes al pensamiento económico venezolano. Llegó a ser costumbre que las personas al pasar, ya tarde en la noche frente al ministerio, podían observar encendida la luz del despacho ministerial.

 

El ámbito de estudio del Dr. Alberto Adriani, no solo abarcó el área agrícola o el ámbito fiscal. Adriani, visionario, manifestó sus temores del despilfarro de los ingresos petroleros, indicando que los mismos deberían invertirse en obras productivas.

 

En referencia a la política monetaria, fue el primero en señalar la conveniencia de un Banco central de Emisión:

 

Un banco Central de Emisión, para el cual se aprovechara nuestra propia experiencia y la de otros países, y que siguiera los mejores modelos, podría dar mayor solidez, y al mismo tiempo mayor flexibilidad a nuestro sistema monetario, y permitir la unidad y la efectividad del control sobre la tasa de descuento y sobre nuestro cambio[12].

 

Aun cuando nuestro plan no requiere necesariamente la reforma de nuestro sistema bancario, creo que debería aprovecharse esta coyuntura para transformarlo, creando un Banco Central y reglamentando los Bancos  de comercio de acuerdo con ciertas normas que la experiencia ha consagrado.

 

El Banco Central es hoy considerado como elemento indispensable, de una sana y eficaz circulación monetaria y de un buen sistema de crédito. La Conferencia de Bruselas e 1920 aprobó una resolución incitando a los países que no lo tuvieron a establecerlo.[13]

 

Por lo tanto muchos lo consideran el promotor principal de la creación del Banco Central de Venezuela, Institución que sería organizado por su buen amigo y compañero, Manuel Egaña. Finalmente en este breve recorrido hay que indicar que el Dr. Adriani fue, una vez más, el primero en señalar el fin el liberalismo económico, señalando la importancia que debe tener el gasto público en el desarrollo económico del país.

 

El Dr. Alberto Adriani, fue paradigma de honestidad y transparencia en el ejercicio de la función pública, al respecto, el nos comenta:

 

No estoy aquí por intereses personales, ni por conveniencias egoístas, sino por que creo que puedo ser útil. Cuando están en juego intereses nacionales no me arredran las responsabilidades. No me contendrían murmuraciones, enemistades, ni calumnias. Estoy dispuesto a cumplir íntegramente lo que creo mi deber[14].

 

En estas líneas Adriani demuestra que a pesar de ser hijo de emigrantes italianos puede querer a la patria tanto o más que cualquiera. Demuestra que para ser patriota no hace falta mostrar actos heroicos de guerra.

 

El sábado 8 de agosto de 1936, después de haber trabajado hasta tarde, como era su costumbre, el Dr. Adriani se dirigió al Hotel Majestic, donde estaba alojado, no se le volvió a ver, sino hasta que fue encontrado muerto en su habitación en la mañana del lunes 10 de agosto.

 

Solo vivió 38 años, y su actividad pública solamente se desarrolló en pocos meses del año 1936, pero su impacto en el pensamiento económico venezolano fue total. Alberto  Adriani fue, en su época, el único venezolano que en el área de la ciencia económica, se preparó de manera orgánica y sistemática. Hombres tan importantes en la vida económica del país como lo fueron Arturo Uslar Pietri y Manuel Egaña, manifestaron su admiración e influencia por el pensamiento de Adriani, el cual aún continua vigente.

 

Sirva este sencillo y humilde homenaje del Núcleo de Economistas del Banco Central de Venezuela de estímulo para que las nuevas generaciones de economistas del país rescaten los principios y valores de este gran economista venezolano, El Dr. Alberto Adriani.

 

  

BIBLIOGRAFIA

 

- “Alberto Adriani Textos escogidos”. Biblioteca Ayacucho. Nº 217. Caracas. 1998.

- “Alberto Adriani en el centenario de su nacimiento – Discursos -”. Fundación Alberto Adriani. Caracas. 2000

- “Diccionario de Historia de Venezuela”. Segunda Edición. Fundación Polar. Caracas. 1997.

- ADRIANI, ALBERTO. “Labor Venezolanista, Venezuela, La Crisis y Los Câmbios”. Sexta Edición. Academia de Ciencias económicas. Caracas. 1989.

- CORDERO CEBALLOS, J.J. “Entrevista a Alberto Adriani”. Fundación Alberto Adriani. Caracas, 2000

- MENDEZ SERENO, HERMINIA. “5 Siglos de Historia de Venezuela, desde 1942 hasta 1998. Segunda edición ampliada. José Agustin Catalá editor. El Centauro, ediciones. Caracas, 1998.

- ROJAS PEREZ, ANTONIO. “Alberto Adriani Estímulo de la Juventud”. Tercera edición. Caracas. 1991


 

[1] Presidente del Núcleo de Economistas del Banco Central de Venezuela y de la Fundación Núcleo de Economistas de Venezuela.

[2] Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia.

[3] Discurso pronunciado en el paraninfo de las Academias el 18 de junio de 1998. publicado en “Alberto Adriani en el Centenario de su nacimiento”. Fundación Alberto Adriani. Caracas. 2000. p.57

[4] ALBERTO ADRIANO TEXTOS ESCOGIDOS. “Un programa de gobierno”. Biblioteca Ayacucho Nº 217. Caracas. 1998. p.16

[5] Los papeles conservados están conformados por veinticuatro gruesos cuadernos y libretas, un modesto cuaderno escolar, de sus años adolescentes en Zea, varias carpetas con sus cartas y un paquete de fotografías

[6] Adriani, Alberto. “Labor Venezonalista, Venezuela, la crisis y los cambios”, Sexta edición. Academia Nacional de Ciencias Económicas. p.181.

[7] Referido por Antonio Rojas Pérez en “Alberto Adriani Estímulo de la Juventud”. Tercera edición. Caracas 1991. p.116.

[8]  ALBERTO ADRIANO TEXTOS ESCOGIDOS. “la colaboración agrícola Interamericana” Biblioteca Ayacucho Nº 217. Caracas. 1998. p.115

[9] Rojas, Rafael Armando. Ob.cit. p.64

[10] Uslar Pietro, Arturo. Introducción de la primera edición del “Labor Venezolanista”.Ob.cit. p.8.

[11] Consalvi, Simón Alberto. Discurso pronunciado en la sesión conjunta de la Asamblea Legislativa del Estado Mérida y de los consejos Municipales de Zea, Alberto Adriani (El Vigía) y de Tovar con motivo d la celebración del centenario del nacimiento del Dr. Alberto Adriani, en Zea  el 14 de junio de 1998. Texto recogido en la publicación:”Alberto Adriani en el centenario de su nacimiento”. Fundación Alberto Adriani, Venezuela, 2000. p.37

[12] Adriani, Alberto. Ob.cit. p. 302

[13] ALBERTO ADRIANO TEXTOS ESCOGIDOS. “El dilema de nuestra moneda y la situación económica venezolana” Biblioteca Ayacucho Nº 217. Caracas. 1998. p.290

[14] Ibíd., p.10

 

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Última modificación: 19 de Mayo de 2018